Aznar, qué bueno soy y qué culito tengo, por @German_Temprano

Aznar

Aznar, qué bueno soy y qué culito tengo

Negar las virtudes de Aznar sería una necedad. Por ejemplo esa capacidad cuasi mágica que tiene para que, después de oírle anoche, hasta te caiga bien Rajoy. Le ha dejado al presidente del Gobierno tan desarmado que si antes comparecía poco aunque fuese por plasma, a partir de ahora lo tendrá que hacer con verduguillo y con la voz distorsionada. A ver quién es el valiente que pide en el Congreso lealtad institucional a la oposición cuando dentro de tu propia casa te dan hostias como panes hasta en el paladar.

Con esa proverbial modestia que siempre caracterizó a este ser asaz grimoso vino a decir que la prosperidad era él, que no cobró nada ─aunque de esto explicó aún menos─ fuera de cacho y que Mariano, como es lógico dado su origen geográfico, es un soplagaitas de tomo y lomo. No es cuestión de discutir este último aspecto mas sólo recordar que fue él quien, en un ejercicio de democracia interna sin precedentes, posó su dedo sobre el hombro del elegido. Es decir que, como mínimo, es responsable subsidiario del desastre.

Lejos de asumir esta alícuota culpa dedicóse Josemari a glosar su figura de estadista que es, como es normal, donde se encuentra más cómodo. De ese modo fue él y sólo él quien dio empleo a millones de españoles, no las empresas como acostumbra a decir la derecha, rebajó los impuestos aunque Montoro no se enterara, elevó a la enésima potencia el número de viviendas, de las consecuencias de ello ni mú, pintó la mona por Europa y el mundo con simpar donaire y, en suma, qué bueno soy y qué culito tengo. Asuntos todos sobre los que suele disertar a precio de oro en las conferencias que trinca en la Universidad de Georgetown.

Es absolutamente perdonable que una mente tan inalcanzable para el común de los mortales no tengan cabida nimios detalles. Por ejemplo que gobernó en una etapa de generalizada bonanza económica, lo que los expertos de la troika suelen denominar ‘con buena picha bien se copula’, que su Ley del Suelo del año 98 fue sustento de la burbuja inmobiliaria que nos ha traído hasta aquí con la connivencia de los gobiernos sucesivos o que la inmensa mayoría de ese empleo del que presume se cayó como un castillo de naipes justo en el momento en el que se secó el cemento.

Por si fuera poco, que no lo es, esa solemnidad con acento cantinflero que utiliza para comprometerse a ejercer su responsabilidad de salvapatrias bien la pudiera también haber comprometido para asumir que fue cómplice de una guerra que dividió a la sociedad española y, lo que es infinitamente más grave, costó la vida a miles de inocentes a causa de una burda y repugnante mentira. Todo para que el singular estadista que hoy amenaza con regresar se hiciera una foto junto a George y Tony después de haberles servido los cafés. Acaso no se acuerda, pero créame si le digo que, aunque quisiéramos, un tipo como usted es difícil de olvidar.

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