AUTORRETRATO DE UNA FISCAL, por Javier Astasio

Siempre he pensado, y más desde que, hace ya dos décadas me ocupé de la información de tribunales en la Cadena SER, que hay que estar hecho de una "pasta especial" para acusar o juzgar a ciudadanos iguales, sin dejarse llevar por pasiones o prejuicios, algo que se supone debería esperar la sociedad de jueces y fiscales.           
No sé cómo sería la cosa cuando de los que se cocía en los juicios apenas se enteraban el tribunal, los testigos, las defensas y acusaciones, naturalmente, los acusados y el público presente en la sala, que, por cierto,  está formado por verdaderos "profesionales", dada la asiduidad con que acuden a cuanta audiencia pública cuadra en sus horarios, Por mis horas de audiencia sé que algunos jueces y, sobre todo, algunos fiscales, al igual que algunos defensores, claro, se gustan, exponen sus argumentos con pasión y una cierta dramatización que más de una vez sorprenden a propios y extraños.
Puede que sea el escenario, puede que el público, lo cierto es que quienes bostezan en determinados juicios, en otros se crecen y "declaman" sus argumentos para la historia, como si lo hiciesen ante las ruinas de Itálica. Más, si, como ocurre en estos tiempos, pendientes de algunos juicios, están decenas de televisiones y radios, y otros tantos diarios y los casos se convierten en comidilla de todos y todos, propios y extraños, se interesan por lo que haces o dices en él.
Uno de esos casos, lleno de morbo y con razón, es el que se ocupa del "asalto" de la capilla católica de la facultad de Económicas de la Complutense. Digo que, con razón, porque en él se mezclan, si no se revuelven la política, la religión y, a juicio de la fiscal del caso, el sexo. En ese asunto, se condenó en primera instancia a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, de la coalición Ahora Madrid, a una multa de más de cuatro mil euros trescientos veinte euros por quitarse la camiseta y quedarse en sujetador en torno al altar, mientras otras jóvenes se desnudaban "de cintura para arriba", se exhibían imágenes del papa cruzadas por esvásticas y se leía un manifiesto en contra del sexismo y la homofobia impuestos por la iglesia  Una suma de actos de los que se culpó a Rita Maestre porque, finalmente, fue la única de las jóvenes identificadas en la acción.
Los abogados de Rita Maestre recurrieron la sentencia, pidiendo su absolución, a lo que la fiscal del caso,  Marisa Morando, se opone en un escrito en el que recuerda lo que considera hechos probados, atribuyendo a la recurrente, Rita Maestre, pleno conocimiento de lo que allí iba a ocurrir y enumera con un lenguaje teñido de ideología y, diría yo, desprecio, todas y cada una de las consignas que se repitieron en aquel "asalto" y un pleno conocimiento teñido de claro sentimiento de ofensa en lo relativo a la profanación castigada en la sentencia.
Del escrito de la fiscal podría desprenderse, tanto por el lenguaje empleado en él, como por la forma de relatar los hechos, un cierta toma de postura, si no animadversión, contra la condenada que, a mi juicio, va más allá de su papel y que demostraría una posición ante la religión nada objetiva y, sobre todo, una visión del papel de la mujer, "señoritas" llama a las participantes en la protesta, anclada en modos y maneras de otros tiempos, puesto que la fiscal se permite dejar por escrito que  "lo único que consiguieron desnudando su torso fue poner en ridículo el papel de las mujeres. Sobre todo, por usar frases “con rimas pretendidamente ingeniosas” y por “mostrar el sujetador en un espacio que para los católicos es sagrado”, algo a todas luces carente de objetividad.
En fin, el escrito de la fiscal es un claro ejemplo de sobreactuación, más pendiente quizá de dejar reflejados sus sentimientos que de actuar con la objetividad que se le debería suponer, especialmente, después de que el propio arzobispo de Madrid perdonase a los "asaltantes",
En fin, creo que la citada fiscal, Marisa Morando, con ese escrito se ha hecho un autorretrato.

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