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Olvido, por María Paula Munaretto (@paulitamuna)

Taparse la cara con las manos. Fuerte. Sentir como nuestros dedos recorren las arrugas de nuestra frente y la estiran, bajando por nuestros ojos y llegando a juntarse con el resto de la mano.
Abrir nuevamente los ojos. Querer que no abran.

Sentimientos encontrados, que en todo momento deseamos perder. Olvidar lo que no podemos, creer lo que entendemos y recordar lo que queremos. Vidas cruzadas,  que poco saben. Sienten, sin embargo se prohíben sufrir.

Y aun así, no hacen otra cosa. Sufren.

Aman un vacío, que buscan destruir por completo. Odian al amado. No se permiten ser felices. No lo merecen. 
Cierran los ojos una vez más.

Logran abrirlos sin el menor esfuerzo, deseando no haberlo hecho. La pared sigue allí, los árboles de invierno esperando que todo pase. Pasan niños corriendo. Pasan hojas arrastradas por el viento. Pasa la vida.

Silencio.

Nada está vivo alrededor de esas paredes. Sordas se encuentran, como consecuencia de gritos inesperados y llantos  indeseados. Ciegas de violencia, amnésicas de poder. 
Cierran los ojos.



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Crecer, por María Paula Munaretto (@paulitamuna)

Dejar de esconderse detrás de un papel y lápiz. Madurar como quisiéramos, al tiempo que  nosotros lo dispongamos. No esperar que la manzana este roja para caer, sino caer cuando lo elijamos. Y no equivocarnos. Lo que mas miedo da es equivocarme… y olvidar que no pasa nada. Sin personalizar, sin juzgar, sin teñir de ningún color. Y que nuestro color sea el que queramos y no el que nos impongan. Ser nosotros mismos, aceptarnos, amarnos y alegrarnos de cómo somos. Aprender a convivir con nosotros mismos. 

Que la locura no nos abandone, y que tampoco nosotros la echemos. Que la amargura jamás nos alcance, y que no olvidemos de reír... Recordar que la verdad no tiene dueño y que a las frases se las lleva el viento. 

Vivir en infinitivo. Morir en pasado. Amar en presente, desear en futuro. Dejar que el verbo nos domine y que el sustantivo no se elimine. Saber que somos quienes fuimos y seremos quienes decidamos. Aprender a ser, creer en nosotros mismos.



Hablar. Cantar. Saltar. Bailar. Correr. Correr fuerte. Correr poco. Ser mejores personas.

Solamente ser mejores personas.

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Hablar no es solamente emitir sonidos... y escuchar no es simplemente poner el oído, por @paulitamuna

Pensar. Volver a pensar. Imaginar. Calcular adecuadamente cada palabra, cada frase, cada puntuación. Idear las posibles respuestas, pensar las diversas conversaciones que podrían darse. No hablar de más. Tampoco de menos... no vaya a ser que no logren entender lo que queremos decir. No sea cosa de que por hablar de menos piensen que somos maleducados, o que no estamos interesados en el tema. Por el contrario, nos vemos tan interesados que aquí nos encontramos, pensando cómo hacernos entender. ¿Cuáles serán las palabras adecuadas? Creemos conocer muchos modos de decir lo mismo, pero en ese momento solamente buscamos las palabras adecuadas para esa situación concreta. No buscamos un manual de generalizaciones, simplemente saber que es lo que nosotros deberíamos decir allí. Y nuestra mente no sabe respondernos.
En realidad, buscamos saber qué es lo que queremos decir. Pero... también buscamos que el otro quiera escuchar aquello que tenemos que decir. Y repensamos nuestro discurso. Lo meditamos. Lo imaginamos. Lo calculamos. Estamos de acuerdo, suena bien. Ni muy arreglado, ni demasiado improvisado. Ya lo estuvimos pensando para que parezca que no fue tan pensado. No vaya a ser que se pierda la fluidez del diálogo...
Y en el momento que deberíamos hablar, cuando llega el instante decisivo en el que luego de abrir la boca, debemos emitir un sonido... simplemente, elegimos callar. No vaya a ser que por querer hablar, digamos algo que estaba de más. 
El problema de nuestra falta de diálogo diario, está en que muchas veces hoy en día cansa más hablar que callar.. por miedo a decir lo que verdaderamente sentimos, creemos y hasta pensamos. 
 

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Indignada, por María Paula Munaretto (@paulitamuna)

Es verdad que presenciamos cambios, y que la reivindicación de la libertad nos dejó a todos mejor parados. Nada mejor que la libertad de expresión, que la igualdad de trato y condiciones, que la exigencia de la dignididad humana. Pero una cosa es ser libres y otra muy distinta es jugar a serlo. No se puede tenerlo todo, y eso es una verdad en la que considero que todavía creemos. Seríamos muy inocentes si creyéramos que somos omnipotentes, por tan solo haber ganado algunos pasos en el camino hacia nuestra libertad. No se trata de una libertad absoluta, porque el hombre no es un ser absoluto. No se trata de perder las etiquetas y los roles sociales que nos definen. Justamente eso buscamos, no ser definidos. Como si por alguna razón las definiciones nos congelaran en el tiempo, y nos redujeran a unas pocas palabras. Sentimos la claustrofobia de vernos encerrados en un nombre con el cual poco creemos tener en común. Y por eso decidimos borrarlo todo. Negar cuanto podamos para afirmar lo imposible. Ya no hay alumno, ni maestro; policía, ni ladrón; juez, ni acusado. Los límites se volvieron confusos, y al hacerlo nos hemos fundido en una masa que en lugar de mostrar nuestras diferencias como tanto anhelábamos, nos ha envuelto a todos en un mar de seres humanos. O de seres y punto. Como más lo prefieras. Total, aquí el que pone el límite es uno, nadie más.
¿Pero qué es lo que criticamos cuando desconocemos aquello ante lo cuál debemos ser críticos?Esa es mi duda.
Nos decimos ser jueces de unas leyes que nunca vimos; creemos ser sabios de una realidad que jamás analizamos; y consideramos tener el juicio entrenado para diferenciar lo legal de lo ilegal cuando aún no logramos discernir qué hacer con nuestras vidas. Pero la máscara aun permanece. Una máscara bajo la cual escondemos nuestro miedo de habernos dado cuenta que nuestra existencia desnuda no es más que nuestra existencia desnuda. En lugar de afrontarla, huimos. Nos disfrazamos, y así creemos finalmente alejarnos. Alejarnos de lo que en algún momento llamaron "verdad", "unidad", "realidad". Y sin embargo,  creemos ser libres. Jugamos a serlo, y mientras tanto simplemente nos divertimos.

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Algo de política, por Paula Munaretto (@paulitamuna)

Se dice del hombre que es un "animal político" por naturaleza. También se ha pensado desde otras perspectivas, que nuestra naturaleza es ser "egoístas". Y hasta se ha llegado a formular la idea de que construimos sociedades para defendernos de nosotros mismos...
No sé si exista una única postura correcta. Quizás las previamente mencionadas no sean tan diversas entre sí, y puedan convivir en el hombre de una misma manera. Somos puntos medios, nunca extremos... Anhelamos la perfección, pero practicamos la miseria. Ansiamos la cooperación, pero alentamos la división. Callamos cuando deberíamos hablar, pero no tenemos miedo a unir nuestras voces a una multitud que grita Dios sabe qué. Estamos hartos de que nos digan qué debemos hacer; pero  nunca nos cansamos de dirigir al prójimo. No sabemos qué proponer, pero tampoco dudamos en criticar. Nos hicimos amigos de las quejas; desconfiamos de la verdad y odiamos la ideología. Pedimos obras sin teorías; y planificaciones sin tiempo. Somos hijos de una sociedad que está acelerada, atolondrada y engripada. 
Engripados en una suerte de rencor generalizado que pocas veces logramos canalizar. La mayor parte del tiempo dejamos que la gripe nos venza, y optamos por la queja cotidiana. Leemos poco, vemos mucho. Pensamos un rato, hablamos todo el tiempo. No sabemos qué significa escuchar, y cada vez más olvidamos el significado de la palabra dialogar. Queremos borrar los fundamentos para poder accionar; pero olvidamos que una acción sin plan es una causa perdida. Oímos las preguntas, pero respondemos atacando al que cuestiona, en vez de tener las agallas de intentar aunque sea decir que no tenemos una respuesta. Aprendamos de una vez que no vale la pena dialogar con quien ataca, ni dejar de oír lo que nos disgusta. Lo único que logramos es envolvernos en un mismo discurso. Dejar de ser nosotros mismos para envolvernos en una misma pelea.

Olvidamos que para que exista una lucha deben haber dos contrarios: las peleas jamás se hacen de a uno. Pensemos. Planeemos. Obremos. No al revés.

Y aunque sea difícil, escuchemos. El país jamás avanzará si nos quedamos callados; pero tampoco llegará a ningún destino si nos envolvemos en un mismo tornado.
Seamos ciudadanos de una nación que pide tener una ciudadanía humilde, pensativa y audaz.

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