Lucía de la Fuente
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Najwa, por @luciadelafuente

Para el Tribunal Superior de Justicia de Madrid es lo mismo un velo islámico que un sombrero. Lo ha sentenciado así a cuenta del caso Najwa, la joven que tuvo que cambiar tres veces de instituto en 2010 por no querer quitarse el 'hiyab' para entrar en clase.

Es tradición del Islam que cuando una niña deja de serlo se tape la cabeza con un velo. El reglamento del instituto prohíbe a los estudiantes llevar la cabeza cubierta dentro de las aulas. La estudiante, musulmana, eligió seguir las normas impuestas por su religión a las impuestas por sus profesores. Fue sancionada y tuvo que cambiar de centro. Dos veces. El caso fue sonado, recuerdo que incluso proliferaron las pintadas racistas en alusión al tema. Perdió semanas de clase y precisó tratamiento médico por la presión.

El director del instituto fue premiado con un puesto de asesor técnico en la Consejería de Educación. 

Amnistía Internacional o Human Right Watch, dos ONG defensoras de los derechos humanos, alertaron de la discriminación y recordaron que el derecho a la libertad religiosa (y a su manifestación pública) está recogido en la Constitución. El Partido Popular se puso feminista y dijo que el 'hiyab' era un símbolo discriminatorio hacia las mujeres*. Rosa Díez, de UpyD, aprovechó para proponer la prohibición del velo en todos los espacios públicos, sin paños calientes.

Recuerdo un debate televisado en el que llamaron a Najwa "la niña tocapelotas del velo", o algo así. "LA NIÑA tocapelotas del velo".

Sin embargo, los jueces del TSJM consideran que, como el reglamento del centro escolar era el mismo para todos los alumnos, no debe haber sanción alguna. ¿Es que el reglamento puede primar sobre un derecho fundamental? Eso parece. La familia, obviamente, recurrirá al Tribunal Constitucional. 


Mi confianza en la justicia no atraviesa por su mejor momento.

*Yo no creo que sea exactamente así, pero ese es otro tema. ...

Lucía de la Fuente
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Neftalí, por @luciadelafuente

La obra de Pablo Neruda ha sido víctima injusta de la cursilería extrema, con montajes en Youtube azucarados hasta el límite. Víctima también del negocio del amor, merchandising de versos.

No merece por ello que se desprecie su talento.

Por fin se ordena la exhumación de sus restos, que determinará si fue asesinado por Augusto Pinochet o fue asesinado por un cáncer. 

España pobre por culpa de los ricos
"Malditos los que un día
no miraron, malditos ciegos malditos,
los que no adelantaron a la solemne patria
el pan sino las lágrimas, malditos
uniformes manchados
y sotanas
de agrios, hediondos perros de cueva y sepultura.

La pobreza era por España
como caballos llenos de humo,
como piedras caídas del
manantial de la desventura,
tierras cereales sin
abrir
, bodegas secretas
de azul y estaño, ovarios, puertas, arcos
cerrados, profundidades
que querían parir, todo estaba guardado
por triangulares guardias con escopeta,
por curas de color de triste rata,
por lacayos del rey de inmenso culo.

España dura, país manzanar y pino,
te prohibían tus vagos señores:

A no sembrar, a no parir las minas,
a no montar las vacas, al ensimismamiento
de las tumbas, a visitar cada año
el monumento de Cristóbal el marinero, a relinchar
discursos con macacos venidos de América
,
iguales en "posición social" y podredumbre.

No levantéis escuelas, no hagáis grujir la cáscara
terrestre con arados, no llenéis los graneros
de abundancia trigal: rezad, bestias, rezad,
que un dios de culo inmenso como el culo del rey
os espera: "Allí tomaréis sopa, hermanos míos".

'España en el corazón', Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda).
1936

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Lucía de la Fuente
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El Chico, por @luciadelafuente

Lloro mucho, por cualquier cosa. De manera incontrolada y en cualquier lugar. Pero no quiero, de verdad, en algunas situaciones es embarazoso, puede incomodar. No procede. Lloro por poesías, por noticias, por gestos heroicos, por películas, por recuerdos, por alegrías, por canciones, por enfados, por desmemoria, por desgracias propias y ajenas, por la emoción de ver a quien defiende sus ideas, porque me siento humillada, o incomprendida, por rabia, por algo que hice, por historias que me cuentan, por historias que yo cuento, porque no me quiero morir, por discusiones, por indignación, por tristeza sinsentido.

No es de ahora, es de siempre.

Hace unas semanas, o puede que algún mes, lloré porque mi madre había hecho limpieza general. Sí. Aguanté las lágrimas hasta llegar al cuarto de baño, eché el pestillo y lloré bajito, pero con mucha rabia. "Con todas las desgracias que suceden estos días, Lucía, no seas infantil". Ya. Pero es que mi madre había hecho limpieza general y eso significa: "He tirado algunos de tus recuerdos a la basura porque ocupaban espacio".

No me importó en exceso el regalo masivo de libros, películas, cómics. Porque sí, hay quien los puede aprovechar más que yo. Ni siquiera que se desprendiera de maletas llenas de ropa, sin consultarme qué me pongo y qué no. Ni los collares y tacones que nunca utilizo. No. Pero sí me importó, muchísimo, que tirara, quién sabe dónde, la figura de Charlot y el Chico. Una pequeña escultura, tallada en piedra, que siempre, o hasta donde alcanza mi memoria, nos ha acompañado en el salón. Charlot y el Chico, muy serios o muy tristes o muy aburridos, según el día, sentados en un banco, con los zapatos roídos y remiendos en la ropa, con bombín el mayor y boina el pequeño, inmóviles. Solíamos hablar con ellos.

Cuando descubrí la 'limpieza' tuve ganas de gritar muchos tacos. Pero qué MIERDA era esa. Pero mi madre, mi compañera de piso, no acepta bien las críticas. Y yo últimamente evito conflictos. Así que fui a llorar al baño. Después, encendí el ordenador y busqué fotos y vídeos. Reminiscencias. Y se me pasó un poco el enfado. Porque mis recuerdos son míos y no se pueden tirar. No caben en ningún cubo de basura. 
 
Ahora el Chico me acompaña, él solo, en mi perfil de Twitter. Un lugar que frecuento casi tanto como antes frecuentaba el salón.


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