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Milagroso, un xatín nacido por cesárea en Teleña, por Javier G. Caso (@javicasopress)

El quirófano se improvisó en mitad del prau

El ternero, que tuvo que ser reanimado, pocos minutos después de venir al mundo. FOTO: J. CASO

El ternero dio sus primeros pasos antes de  que el veterinario terminara de coser a su madre

Por Javier G. Caso

El periodismo de caleya, como le gusta decir a mi compañera Aitana Castaño de la labor que hacemos los corresponsales de las zonas rurales, es lo que tiene. Uno puede quedar con un ganadero para hacerle una entrevista y toparte con una escena como la que vivimos la tarde del pasado miércoles, festividad de San José, en una finca situada cerca de la localidad canguesa de Teleña.

Al llegar nos encontramos lo más parecido a un quirófano al aire libre, improvisado en mitad del prau. Varios vecinos, entre ellos el ganadero al que íbamos a entrevistar, sujetaban unas cuerdas a las que estaba atada una vaca. La res yacía tumbada mientras el veterinario, sentado sobre una alpaca de hierba, terminaba de coserle el vientre tras haberle practicado una cesárea, asistido por otro vecino que le entregaba el instrumental según se lo iba pidiendo el veterinario.
 La vaca, de raza Parda Alpina y unos siete años de edad, estaba cumplida con creces. Llevaba preñada 9 meses y 28 días y el tamaño de la cría, que se resistía a nacer, hacía imposible un parto normal. De ahí la necesidad de tener que recurrir a una cesárea. Tras abrirle la barriga, el veterinario sacó el ternero. A continuación tuvo que reanimarlo porque había nacido prácticamente muerto. Aunque nadie lo diría poco después. En apenas veinte minutos, y cuando el veterinario César Cifuentes aún no había terminado de coser el vientre de su madre, el xatín empezó a dar muestras de querer levantarse. Lo consiguió al cabo de varios intentos seguidos de otras tantas caídas. Pero no cejó en su empeño. Hasta que se levantó.

 

El xatín, ya levantado. FOTO: J. CASO
El ternero da sus primeros pasos y trata de acercarse a su madre. FOTO: J. CASO

Ya en posición vertical, sus primeros pasos llevaron a la cría a intentar acercarse a la madre, que todavía seguida bajo los cuidados del veterinario. Una vez finalizada la intervención ambos animales, la vaca Perla y su cría, pudieron, por fin, estar juntos. A estas alturas desconozco con qué nombre habrá bautizado al xatín su propietario, el ganadero cangués Javier Echevarría. Allí mismo se barajaron varios, entre ellos Bienvenido. Aunque viendo que el xatu estuvo a punto de palmarla igual quedaba bien que le pusieran Milagroso. Ya les contaremos.

La vaca Perla, aún tumbada, recibe los primeros lametazos de su retoño. FOTO: J. CASO

 

 

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En el garaje de Avalle Van, por Javier G. Caso (@javicasopress)

Crónica de un ensayo convertido en un concierto inolvidable y exclusivo

Jose, Varo, David, Yoli y Carlos, Avalle Van,  en un momento del ensayo. FOTO: JAVIER CASO.    
 
Por JAVIER G. CASO
No todos los días se tiene la suerte de disfrutar de un concierto para uno solo. O casi. Porque el otro día fuimos dos personas, Pepe Flash y quien escribe estas líneas, los que tuvimos el privilegio de escuchar en exclusiva a Avalle Van. Fue con motivo de uno de los sus ensayos semanales. En su casa. En el garaje de Avalle Van. Todo un lujo.
Por fuera nadie diría que, nada más franquear la puerta, uno va a encontrarse con un verdadero local de ensayos que haría las delicias de cualquier grupo de Rock del más alto nivel. Está totalmente insonorizado y de sus paredes cuelgan guitarras y otros instrumentos musicales, además de fotos y carteles. La iluminación, propia de una sala de conciertos y a la vez intimista, es otro elemento que contribuye a dar más calidez al ambiente. Vamos, que uno está de lo más a gusto si de lo que se trata es de disfrutar de la música que hacen Carlos, Jose, Yoli, David y Varo, o lo que es lo mismo, Avalle Van. Y allí preparan sus actuaciones. A conciencia.
Los había disfrutado ya en otras ocasiones, las dos últimas este pasado verano en sendos conciertos al aire la libre, en la calle San Pelayoy en Cangas de Arriba. Pero nunca antes me había acercado hasta su guarida, hasta el lugar en el que ensayan y dan forma a esas versiones que luego bordan cada vez que tocan por ahí. Y para meterse en ambiente arrancaron con “Locked out of heaven” deBruno Mars. Así, como si nada. Luego fueron sucediéndose temas y temas de lo más variado como “One” de U2, “El límite” de La Frontera o “Rolling in the deep”, de Adele, entre muchas otras. Se nota, se siente que Avalle Van es un grupo cohesionado y que funciona tan bien como un motor bien engrasado. No rugen, no. Suenan de puta madre. Pero así, en la intimidad, también se nota a la perfeccionan que son un grupo de amigos que se lo pasan pipa cada martes cuando se juntan para tocar y dar rienda suelta a una pasión que comparten: la música. Y allí estuvimos para disfrutarlo, compartir ese momento y contarlo. Un placer. Y gracias por la invitación.

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Bisontes al pie de Peña Sobia, por Javier G. Caso (@javicasopress)

El Parque de la Prehistoria de Teverga muestra dos ejemplares de uno de los animales más representados en el arte rupestre

 

En la imagen los dos bisontes del Parque de la Prehistoria. Al fondo Peña Sobia. FOTO: J. CASO
 Por JAVIER G. CASO
Dejamos atrás el temporal y el buen tiempo del fin de semana invita, por fin, a salir de casa y dar una vuelta hasta algún rincón de aquí, de Asturias. Nos decidimos por Teverga con el propósito de visitar de nuevo el Parque de la Prehistoria una vez que sabemos que esta semana ha incorporado alguna que otra novedad. El de Teverga es uno de esos equipamientos que hace las delicias de los más pequeños de la casa, sobre todo cuando, antes o después, de visitar la Cueva de las Cuevas, donde se exponen las réplicas del panel de los polícromos de Tito Bustillo, de las pinturas negras de Niaux o el Camarín de Candamo, niños y niñas tienen la posibilidad de participar en un taller en el que tienen la oportunidad de emular a aquellos artistas prehistóricos que hace más de 15.000 años pintaban en el interior de las cuevas las siluetas de animales como caballos, cabras, uros, renos o bisontes.
Los dos bisontes vistos más de cerca. FOTO: J. CASO

 Precisamente al parque tevergano acaban de llegar hace unos días una pareja de bisontes europeos que los visitantes pueden contemplar en una finca del recinto y que constituye un nuevo atractivo para este equipamiento cultural, junto a los dos caballos przewalski llegados el mes pasado a Teverga.
  Allí pastan con la Peña Sobia al fondo unos animales muy representados por los hombres prehistóricos, algo que podemos constatar en el mismo Parque de la Prehistoria, no en vano tanto en la Cueva de Cuevas como en la propia Galería, podemos disfrutar de la réplica de algunas famosas pinturas rupestres que tienen al bisonte como principal protagonista, desde los de Altamira, a los de Niaux o los de Covaciella, con una antigüedad de unos 14.000 años. Cerrada al público desde que fuera descubierta en 1994, hasta ahora sólo era posible apreciar los bisontes de Covaciella en la réplica existente en el Parque de la Prehistoria. Sin embargo, a partir del 30 de marzo, cuando se inaugure en la Casa Bárcena de Carreña de Cabrales el Museo Enrique Herreros en los Picos de Europa, también se podrá disfrutar de estas pinturas rupestres a través de una segunda réplica del panel principal de Covaciella.
Bisontes de Covaciella en la réplica del Parque de la Prehistoria. FOTO: J. CASO
 Estos días, y al hilo de la reapertura experimental de la cueva de Altamira, vuelve a hablarse de las bondades de las réplicas y de las copias en el mundo del arte, sobre todo del prehistórico. El asunto mereció una doble página en el diario El País este sábado en su sección vida&artes bajo el título "Ante una gran copia, ¿quien añora un original? del que adjunto un enlace para que ustedes puedan disfrutarlo. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/03/07/actualidad/1394222230_387695.html
Copia de los bisontes de Altamira que hay en Teverga. FOTO: J. CASO  
 Es verdad que ante la más simple y pequeña de las amenazas no resta más que preservar las pinturas originales y si hay que prohibir, restringir o limitar las visitas, no quedará otra. Todo sea por preservar un patrimonio tan sensible como el arte rupestre Pero que nadie pretenda decir que una réplica, en ocasiones, puede mejorar el original. Porque no es así. Visitar una cueva como la de Tito Bustillo, en Ribadesella, no es sólo contemplar un panel como el de los polícromos. Recorrer la gruta en su totalidad ya es de por sí una experiencia increible y cargada de sensaciones que cada uno percibirá a su manera. Está claro que eso no se recrea con ninguna copia de sus pinturas por mucha calidad y realismo que tengan. Que los tienen.
 Otra cosa es que las réplicas nos permitan disfrutar de las pinturas sin miedo a deterioros con independencia del número que las visiten a diario. O que, como sucede con la réplica del camarín de Candamo que se muestra en Teverga, los visitantes puedan conocer una pintura que ya no existe en el panel original. Sencillamente porque se trata de una pintura que ha desaparecido desde que fuera descubierta hace cien años. Es ahí donde una copia cobra valor. Todo su valor. Y es ahí donde alguien como José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, tal y como recoge el reportaje de El País, llega a defender la importancia de la réplica "para entender el original". Y añade que la Neocueva de Altamira "no es un sucedáneo. Incluso en cierto modo es más fiel a la cueva paleolítica que la propia original tal y como ha llegado a nuestros días".
Ahora bien, en mi modesta opinión, siempre que se pueda, las cuevas con pinturas rupestres han de ser visitadas. Con todas las limitaciones que se quiera y que impongan tanto el sentido común como el rigor científico. De esta forma estoy convencido de que algunas de las pinturas descubiertas en los últimos años seguirían igual de bien conservadas si hubieran podido ser visitadas por unas pocas personas, aunque fuera solo unos pocos días al año. De no ser posible, siempre nos quedan esas copias geniales como las de la Neocueva de Altamira,  el Parque de la Prehistoria de Teverga, el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, la existente en San Román de Candamo o la que pronto abrirá en Carreña de Cabrales.
 
 

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De aguinaldo por Cazu, por Javier G. Caso (@javicasopress)

Once mozos solteros de la parroquia de Santa María de las Nieves mantienen viva esta tradición previa al Carnaval

La comitiva, llegando a Cazu en sus caballos engalanados. FOTO: J. CASO

JAVIER G. CASO

Cuando llevas unos años sin disfrutarlas presta vivir de nuevo esas tradiciones arraigadas en algunos pueblos de nuestro entorno como el aguinaldo de la parroquia pongueta de Santa María de las Nieves de  Cazu. Como público. Porque sólo los mozos solteros naturales de allí, o con raíces familiares en los pueblos de Sellañu, Cazu, Ambingue, Los Lladeros, Triviertu y Priesca, pueden salir a pedir el aguinaldo. Hubo años en los que se juntaron cerca de cuarenta. En esta ocasión iban a ser una docena, pero a última hora falló uno y al final fueron once los jinetes que, a media mañana, partían este domingo dos de marzo desde Sellañu animados por el ruido ensordecedor de los voladores. 
 

El gaitero Oscar Fernández puso música al aguinaldo. FOTO: J. CASO

Como siempre el primer pueblo que visitaron fue Cazu, a donde los mozos llegaron a los gritos de ¡Viva el aguinaldo! y ¡Viva los aguinalderos!. En la primera parada, y mientras Oscarín hacía sonar en su gaita música de lo más variada, llegaron los primeros donativos de los vecinos. Y fueron generosos. Hace décadas, como recordaban los vecinos de más edad, lo más común es que los aguinalderos recibieran chorizos, huevos, o cualquier otra vianda. "De aquella no había otra cosa", explicaba Agustín Llera, quien recordaba aguinaldos en los que los vecinos llegaron a obsequiar a los aguinalderos con cuatro o cinco cestas de huevos. Ahora lo que les dan es dinero. "El promedio estará en unos 50 euros por casa", comentó Cesáreo, otro vecino de Cazu.  

Cesáreo Llera entrega su aguinaldo a uno de los mozos. FOTO: J. CASO      
Los aguinalderos, delante de la torre de Cazu. FOTO: J. CASO
 Entre la comitiva de mozos aguinalderos, había de todo. Desde novatos como Pedro Collado, que corría su primer aguinaldo con doce años. Pero la mayoría eran veintiañeros, la mayoría con varios aguinaldos a sus espaldas. Y entre el público mucho ex aguinaldero. Desde octogenarios a jóvenes como Gumer Martínez, casado en abril del pasado año. Perder la soltería supone tener que dejar de correr el aguinaldo. Aseguraba que lo sentía, pero al mismo tiempo estaba muy orgulloso de que los que vienen por detrás mantengan viva esta tradición tan arraigada en esta parroquia pongueta y que siempre se celebra el domingo anterior al martes de Carnaval. La caballería del aguinaldo no paró en todo el día hasta completar, ya por la tarde, su recorrido por los seis pueblos de la parroquia. De vuelta en Sellañu fueron agasajados con frixuelos, rosquilles y fayueles, unos dulces que también pudo saborerar el público asistente. Pero el aguinaldo no es más que el primer capítulo de una fiesta que tendrá como colofón la cena de aguinalderos que se celebrará en Sellañu el próximo sábado ocho de marzo, fnanciada con el dinero obtenido durante el aguinaldo y en la que participarán tanto mozos como mozas. Eso sí, todos solteros. La novedad de esta año será el trofeo que se entregará al caballo mejor engalanado de todos los que corrieron el aguinaldo.

 

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De samartín en La Riera, por Javier G. Caso (@javicasopress)

Un grupo de cangueses sigue fiel a la tradición de la matanza del gochu que realizan ininterrumpidamente desde hace diez años

Los matarifes agarran el gochu antes de empezar a coralu. FOTO: J. CASO

 Por Javier G. Caso

Hace unos días tocó Samartín. Tocó en La Riera, en Cangas de Onís, donde un grupo de amigos lleva diez años reuniéndose todos los meses de febrero para hacer una matanza al más puro estilo tradicional. Son un grupo original. Sólo paisanos. Las mujeres no participan en ningún momento. Ni siquiera aparecen a la hora de hacer los chorizos o les morcilles, dos actividades en las que la mujer siempre ha estado muy presente. Pero no aquí. Ellos se arreglan solos. Y no por nada. Simplemente porque a ellos les presta. Y porque les encanta zamparse los chorizos que ellos mismos elaboran.
En La Riera para pelar el gochu se tira de soplete. FOTO: J. CASO

 El samartín de La Riera se ciñó al guión típico de esta actividad presidida por la camaradería y el buen rollo. Lo primero es atenerse a una normativa, la del Principado, que prohibe que la matanza del gochu sea un espectáculo público y en la que hay que evitar que el animal sufra de manera innecesaria. Y así se hizo. La matanza de los dos gochos se hizo en propiedad privada, porque ya no es posible sacrificarlos en sitio público. Y así se hizo. César Rodríguez, de Sotu Cangues, fue el encargado de despachar a los dos gochos ayudado de una pistola aturdidora. De esta manera los animales ya estaban muertos cuando los coraron para sacarles la sangre.  Por cierto, que todos dicen que con estos inventos los gochos cada vez sangran peor y en menor cantidad. Por eso la decena de matarifes tuvo que andar lista. El primero de los dos gochos pesaba más de 300 kilos y una vez muerto les resultó imposible subirlo encima del banco que tenían preparado para sacarle la sangre. Así que tocó arrastrarla hasta la bajada de un huertu, dejar la cabeza del gochu en la parte más alta y coralu así de una forma mucho más cómoda.
Luego vino pelar el gochu, una faena que sí que ha cambiado en los últimos años. Nada de meter el gochu en ningún duernu para luego echarle el agua hirviendo por encima y poder así pelarlo. En La Riera, como en otros muchos sitios hoy en día, se tira de soplete. De esta forma se quema la piel del gochu y raparlo resulta mucho más fácil. La tarea se completó pasando un cepillo mojado para retirar cualquier impureza. Fueron varios los matarifes que lo intentaron con el soplete, pero desde luego el que más destreza demostró fue Roberto González, el de La Riera, uno de los organizadores del samartín.
Los participantes en el samartín, en el momento de abrir el gochu. FOTO: J. CASO    
 A continuación llegó la hora de abrir el gochu, sacarle las visceras y aprovechar la sangre que aún le quedaba en su interior, labor en la que se afanó Pepín, garcilla en mano. Terminada esta tarea, y más con el sur que hacía el día en el que se celebró este samartín, los participantes cargaron con el gochu y lo pusieron a buen recaudo en la bodega para dejarlo que  se oreara hasta que llegó la hora de despostarlo. Ya por la tarde, y después de una comida de hermandad entre todos los asistentes, tocó preparar las morcillas. A todo el mundo le tocó algo que hacer. Unos cortaron la grasa, otros picaron cebolla, calabaza y también perejil. Con todo listo llegó la hora de instalarse en la vieja cocinona de llar, un rincón con un valor etnográfico muy notable, y empezar a preparar la morcilla, amasada con sangre, cebolla, grasa, calabaza, sala, pimentón y harina de maíz.
Pepín, el mondongueru mayor, amasa el primer boronchu. FOTO: J. CASO
El mondongueru jefe fue José Manuel González Castro, el alcalde cangués. El primer lote fueron los boronchos, también denominados en Asturias probes o pantrucos. Ya no cuecen envueltos en una berza. Ahora se amasan, se meten en una bolsa de plástico y se ponen a cocer en agua durante dos horas o algo más. La jornada finalizó con  la morcilla ya embutida. Todo esto fue un viernes. El sábado fue el día dedicado a descuartizar o despostar los dos gochos. El domingo tocó elaborar los chorizos. Aún están curando a la espera de que podamos probarlos. Ya les contaremos.

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Oleaje en el Lago Enol, por Javier G. Caso (@javicasopress)

Una estampa insólita en mitad del temporal

Vista general del lago Enol, con sus aguas azotadas por el viento. FOTO: JAVIER CASO

 Sin ninguna duda la peor cara del temporal que desde el pasado fin de semana azota Asturias fue la que pudimos ver por toda la costa asturiana donde, en distintas localidades, ha dejado un reguero de destrozos en instalaciones portuarias, paseos marítimos, embarcaciones destruidas o perdidas, negocios particulares y hasta un museo. Nada quedó a salvo de un mar Cantábrico desbocado. 

El temporal, marcado por el fuerte viento, también se dejó notar en el interior del Principado de Asturias, donde incluso hubo varias personas heridas en lugares como Oviedo, Mieres u Onís. Las mayores rachas de viento en toda España se registraron el martes en la estación meteorológica que la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) tiene en Cabrales. Con todo, la fuerza de la Naturaleza desatada por este temporal, también nos ha permitido disfrutar de alguna imagen tan insólita como impresionante.

 Como la que ilustra este artículo. Fue tomada el pasado martes desde el interior de un coche estacionado a la altura de la Piedra´l Llagu, a escasos metros del Lago Enol, batido por fortísimas rachas de viento que levantaron olas y más olas en toda la superficie del más grande de los dos Lagos de Covadonga. Ese día el Enol distaba muy mucho de ese lago de aguas tranquilas al que nos suele tener acostumbrado. Todo lo contrario. Se asemejaba más a un mar embravecido en plena galerna. Y en sus alrededores, quien se arriesgaba a dar un paseo, corría el riesgo de quedar empapado por el agua del lago Enol levantada por el viento y convertida en una especie de aguacero.

Desde luego no era el mejor día para visitar Los Lagos. Intentar salir del coche, en los sitios más expuestos, suponía arriesgarse a que un golpe de viento dañara o se llevara por delante una puerta. Pero no hizo falta correr ese riesgo para llevarse un recuerdo fotográfico. Entre aguacero y aguacero producido por las olas, y después de pasar el limpia parabrisas del coche en el que nos protegíamos para despejar su luna delantera, fue como pudimos hacer esa foto que deja patente cómo se enfada el lago Enol cuando es azotado por el viento, algo que no se ve todos los días.

Antes de pasar el limpia, la visibilidad era nula. FOTO: J. CASO

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Tala en el Campu San Antoniu: razones y reflexiones, por Javier G. Caso (@javicasopress)

La intervención en el robledal de Cangas de Arriba y la necesidad de tomar algunas decisiones respecto a la Joguera

 

La capilla de San Antoniu, vista desde el tronco de uno de los robles talados. FOTO: J.CASO

Hace ya unos cuantos días que derribaron los cuatro robles más enfermos del Campo de San Antoniu y aún quedan por retirar de este lugar parte de sus troncos, lo que deja bien claro el tamaño de estos árboles que, como los trece ejemplares que aún siguen en pie, contaban con 227 años. Nada que objetar a su tala, decidida por los responsables municipales, y avalada por el estudio fisiológico y fitopatológico, que la empresa Gesatec llevó a cabo en el robledal de Cangas de Arriba y del que es autor el ingeniero forestal Javier Brea.

Como afirma este experto, pese al “gran valor cultural, ecológico y biológico” del Campu de San Antoniu, nada ha impedido el progresivo deterioro del robledal, “profunda e irreversiblemente dañado” por una combinación de factores, bien explicados en este estudio y que van desde una “mala praxis”, a un “nulo mantenimiento y un “escaso respeto”. Por desgracia todo ello es bien cierto. De esta forma, bien incrustado en alguno de los robles, todavía podemos ver algún fragmento de aquellos raíles de vía férrea que, durante muchos años, sirvieron para atar los animales que acudían al mercado semanal de Cangas de Onís y a las ferias que se celebraron en el robledal. Por otra parte, y aunque hay muchedumbres que lo pisen a diario, sí es verdad que, como recoge el estudio, el suelo presenta “una compactación muy severa” en algunos puntos, como la parte en la que se ubica el bar de la fiesta o la zona donde se suele instalar el camión escenario. Esas estructuras, añade, suponen una “presión excesiva” para el Campo de San Antoniu. Y qué decir del muro que lo cierra por su parte delantera y del que casi forman parte de manera literal varios de los robles. A su vez el estudio también da cuenta de las agresiones que en su día debieron suponer para las raíces de estos árboles centenarios, las calles asfaltadas que rodean el robledal. Otro perjuicio han sido los desmoches “indiscriminados” de aquellas ramas que, en algún momento, estorbaron para alguna actividad.
 Y por último, la Joguera. Sí.  Porque la quema del rozu en esa noche mágica que es para todos los cangueses la de la víspera de San Antoniu, tampoco aporta nada bueno a nuestros centenarios robles. Todo lo contrario. Según el estudio redactado por Javier Brea, la Joguera es algo “absolutamente incompatible” con el robledal y supone un daño “irreparable” para aquellos árboles cuyas ramas sufren quemaduras.
  Pues bien, una vez talados los árboles que podían venirse abajo por su mal estado y causar algún tipo de accidente, el Ayuntamiento de Cangas de Onís, ha seguido los consejos de Brea y, a lo largo de este mes de enero, llevará a cabo diversas actuaciones, iniciadas esta semana, y  encaminadas a mantener y conservar en el mejor estado posible los árboles que siguen en pie. Para ello está previsto limpiar las ramas secas, reducir las copas de los robles, abonarlos, darles un tratamiento fitosanitario y descompactar el suelo del Campu de San Antoniu, así como replantarlo con algún roble joven nuevo. Que así sea. Pero todo esto tendrá poco recorrido si no nos planteamos de una vez por todas algunas cuestiones.


 Y una de ellas es el traslado, fuera del perímetro del robledal, de la Joguera. El argumento de las tradiciones, que en algunos sitios de España consisten en lanzar una cabra desde un campanario, no puede servir de coartada para no valorar la posibilidad de cambiar el lugar donde se quema el rozu. Sólo un poco, que tampoco se trata de llevar la Jogueramuy lejos, sino de moverla unos metros, lo suficiente para que las llamas no los alcancen de lleno como hasta ahora. Pero eso sí, por lo menos pensémoslo; para no seguir dañando estos árboles centenarios que dan forma a ese jardín histórico que es el robledal de San Antoniu.
 Cuando paseo por él siempre me acuerdo de los tupidos robledales que rodean la aldea de los irreductibles galos Astérix y Obelix, cuyos cómics he leído desde crío. Y cuando hace unos días subí a Cangas de Arriba y vi aquellos cuatro robles tirados en el suelo, por todas las razones ya expuestas, y con las que estoy de acuerdo, vuelvo a añadir; solo lamenté una cosa. Qué pena que nadie haya inventado aquellas semillas mágicas que el druida Panorámix lanzaba al suelo y que hacían brotar al instante unos robles altos y fuertes. De esta forma, ya que los robles son una especie arbórea de crecimiento lento, no habría que esperar nada hasta ver de nuevo el Campo de San Antoniu con todos sus roblones. Pero claro, para eso no hay poción mágica. Tendremos que conformarnos con cuidar los nuevos robles que se planten. Y mimar y atender los vieyos para que sigan en pie todavía muchos años más.

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