Audrey Hepburn: "¿Soy vieja y fea?", por Noelia Jiménez (@njimenez79)

 

 

Sean Connery y Audrey Hepburn en Robin y Marian
(Fuente: elcineesnuestro.blogspot.com)

 

"¿Soy vieja y fea?". Una cara con ángel, con apenas un par de surcos en el entrecejo, de cabello corto y rizado, ojos grandes y sonrisa finamente esculpida en su rostro delgado hace la más bella pregunta retórica. Retórica para los demás, porque ella desconoce la respuesta. O peor aún: cree tener un "sí" por toda contestación.

Es la pregunta que le hace Marian a Robin décadas después de su historia de amor adolescente, cuando él vuelve de las Cruzadas y se la encuentra escondida en un hábito áspero que no aplaca en modo alguno la pasión que jamás dejará de sentir por él. Y es la misma pregunta que Audrey Hepburn se hacía para entonces, cuando, en aquel sofocante verano del 75 rodaba Robin y Marian en Navarra.

 

 

 

Lo cuenta Yvonne Blake, figurinista de la cinta, Premio Nacional de Cinematografía 2012, un Oscar, cuatro Goyas. Se mira en una foto donde aparece retocándole la cofia de monja. "En el rodaje paseábamos con los carritos, porque yo tenía a mi hijo pequeño y ella a Luca, con dos años. Hablábamos de educación de niños cosas así... ¡era una madraza!".

Confiesa que le impuso el momento de viajar a su casa de Suiza para mostrarle los figurines del filme. "Ella estaba acostumbrada a vestir preciosos modelos de Givenchy... ¡y yo la iba a vestir de monja con tejidos ásperos, anchos, rudos! Pero le encantaron y quiso que en todo momento su imagen en la película fuera la que yo había imaginado para ella desde un primer momento".

Yvonne Blake, ante el Oscar
al mejor diseño de vestuario
por Nicolás y Alejandra

La recibió en vaqueros, con zapato plano, sin maquillar. No tenía que usar accesorios para parecer elegante, porque esa clase no calza tacón ni pestañea enmarcada en rímel. "Tenía esa elegancia natural, esa sencillez que no he visto en ninguna otra actriz", reconoce Blake.

Aquella primera toma de contacto fue para Yvonne el reencuentro con el porqué de su vocación: durante una agradable comida con la actriz y su madre le confesó a Audrey que había elegido dedicarse a la moda después de ver su maravilloso vestuario en Funny Face (Una cara con ángel, 1957). Aquella película consagró como diseñador a Givenchy (que ya había ideado el estilo Audrey en Sabrina en 1954) y devolvió a la actriz el contacto con el baile, su verdadera vocación, que modeló sus andares y contribuyó a asentar el porte elegante y distinguido que la hizo única.

Eclipsada por títulos icónicos como Desayuno con diamantes (1961) o Vacaciones en Roma (1953), Robin y Marian es quizá la película más desconocida de Audrey Hepburn, pero nos descubre a esa mujer con aire de ángel desamparado, a esa niña herida que, sin quererlo, la convirtió en el gran icono del cine y la moda del siglo XX.

Fuente: http://eternalrocksbeneath.wordpress.com

Carmen Posadas confiesa hoy en el Magazine de El Mundo que, para soportar los chismes y las envidias que despertaba su vocación literaria al calor de su matrimonio con Mariano Rubio, colgó en su despacho un cartel con la siguiente frase de My Fair Lady (1964, otra de las grandes cintas de la Hepburn con A): "Espera y verás". Fue lo que hizo Audrey: esperar. Y los demás somos quienes tenemos la suerte de verla.

P.D.: Hoy escribe Mayte de la Iglesia en su blog sobre la exposición Timeless Audrey, una joyita expositiva de 800 metros cuadrados, con objetos personales, trajes de alta costura que ella lució o incluso un traje de luces regalo de Luis Miguel Dominguín. Itineró por diez ciudades japonesas y también se expuso en Berlín, a beneficio del proyecto educativo All Children in School creado por Audrey Hepburn Children's Fund's en colaboración con Unicef. Digo como Mayte: ojalá pronto puedan traerla a España.

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