Atrapados en el tiempo, por Javier Astasio



Me he resistido siempre a utilizar el Día de la Marmota como socorrida metáfora para describir situaciones como la que estamos viviendo, en las que, hagamos lo que hagamos, cada día amanece igual al anterior, con todos nosotros encerrados en un bucle infernal del que nos es imposible salir.
Estoy ahora mismo en el mismo lugar en el que estaba hace un año y cuando, como tengo por costumbre, ha encendido la radio para "ponerme al día" de lo que pasa y me he dado de bruces con el mismo malestar, la misma angustia y las mismas ganas de tirar la toalla que tuve el año pasado, cuando lo de la prima de riesgo, entonces a poco más de trescientos untos, se hizo con el estrellato de la información.
Doce meses después, en agosto y en Bayona, lo que me cuentan es lo mismo, el vértigo por nuestro futuro es igual, si no peor, las ganas de llorar por los que van quedando en el camino son, quizá, aún mayores y, eso, pese a que, como Bill Murray, tengo la impresión de que ha pasado un día completa y que hemos hecho musas cosas ese día. Y, sin embargo, el despertador, la radio abren a mis pies otro día igual al anterior, del que parece imposible salir.
Lo peor de todo es que amanecemos atrapados en el tiempo después de días y días sometidos a la ducha escocesa de recibir noticias para la esperanza y la depresión en una danza diabólica con la que alguien, estoy seguro, está haciéndose cada vez más insultantemente rico a nuestra costa.
Esta mañana, otra vez la deuda, otra vez la prima de riesgo y el déficit mueven los hilos de nuestras vidas. Hace un año los expertos nos hablaban de Grecia y nos amenazaban con seguir sus pasos, con que tendríamos que reducir el número de funcionarios, los sueldos, el estado de bienestar, la sensación, en fin, de haber llegado a Europa después de siglos de estar de espaldas a ella. Hoy, aquellas amenazas son ya realidad, hemos cambiado de gobierno y de rumbo y, pese a todo, estamos en las mismas.
No recuerdo ahora como sale Bill Murray de su bucle infernal. Ni siquiera sé si llega a salir de él. Pero nosotros estamos necesitando que alguien nos saque y me temo que con los gobernantes que tenemos va a ser difícil. Además, para quien crea en los presagios y en los símbolos, hubo ayer dos claros presagios y nada halagüeños: en apenas unas horas vimos al rey y la bandera por los suelos.
Pese a todo, ánimo, que, también otra vez, es viernes.
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