Asesinato a la información, por Alberto Campos Díaz (@Camposalberto)

ALBERTO CAMPOS @Camposalberto

Un individuo que investiga, capta, reproduce y difunde hechos de la realidad para que la ciudadanía tenga conocimiento de ella, en principio, no supone un perjuicio serio sobre estas bases, para nadie. Es posible que una investigación y su difusión pueda perjudicar los intereses de alguien que no está ejerciendo una actividad lícita o moral. Pero si nos fijamos en la esencia del periodista, este profesional se convierte en la figura más pura de la libertad de expresión y del derecho a la información. Estos dos conceptos, libertad de expresión y derecho a la información, son una de las premisas para que una sociedad se sienta libre y democrática.

Sin embargo, estas personas que abogan por la información y el conocimiento de las personas, son el punto de mira de muchas organizaciones, bandas e individuos que ven en la actividad del periodista, un peligro directo a sus intereses.

En 2012 se ha registrado el récord de periodistas asesinados según el Instituto Internacional de la Prensa (IPI, según sus siglas en inglés). Son 119 profesionales de la información, las víctimas de asesinatos, ese año, por ejercer su profesión. En 2009 la cifra se situó en 110 fallecidos, lo cual deja entrever que no existe piedad en torno a estos trabajadores, pretendiendo acabar con la voz que pueda incriminar a aquellos individuos involucrados en hechos y actividades irregulares que acontecen en el mundo.

Siria se ha convertido en el país donde más periodistas han perdido la vida desempeñando su trabajo. Con un total de 36 muertes, este país se sitúa a la cabeza. Con ello, los asesinos quieren atajar con total impunidad la difusión de aquella información que pueda poner en tela de juicio la propaganda oficial de los dos bandos que se encuentran en conflicto. Oriente Medio, es la región más conflictiva a la entrada de los grandes informadores.

Por otra parte, en Somalia, 16 profesionales de la información han caído en ataques, y ninguno de sus asesinos han recibido castigo por la justicia.

México y en concreto Veracruz, se ha convertido en los últimos años en uno de los territorios más peligrosos para estos profesionales. La periodista mexicana, María Elixabeth Macías Castro, es un claro ejemplo de ello. Colaboradora en el diario digital Nuevo Laredo, escribió sobre las bandas criminales sin saber que su cuerpo acabaría decapitado.

Pakistán y Filipinas forman parte también de esa lista de territorios no recomendables para periodistas. Así pues, Adbul Razag Gul, periodista de la televisión Express New que posee una sede en Baluchistán (Pakistán), fue encontrado muerto tras un secuestro en el que había sufrido una gran tortura. Este es uno de los ejemplos de las situaciones a las que se tienen que exponer estos profesionales que simplemente tienen una vocación meramente informativa.

“Es muy preocupante que, a pesar del claro aumento de los esfuerzos internacionales para frenar los ataques contra periodistas, el número de muertes este año es el más alto que se ha registrado”, afirma Anthony Mills, subdirector de la Institución Internacional de Prensa. Además añade: “El asesinato de un periodista es la forma más cruel y escalofriante de censura. Si no somos capaces de acabar con la impunidad, los asesinatos continuarán”.


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