Aroma a UHF, por @German_Temprano

Aroma a UHF

Tonyleblanc1Recuerdo a Tony Leblanc entre rejas y no porque hiciera de preso en alguna comedia. Sus primeras películas, si el tiempo acompañaba, las veía en el patio a través de la ventana de la casa de los vecinos. Ellos ya tenían televisor y nosotros no. Por eso se salía a la ‘fresca’ cada uno con su silla y se socializaba ese aparato que en aquel arrabal era todavía un lujo. Eso fue hasta que llegó al hogar esa Inter pesada como un submarino, financiada a tantos plazos que se daba por hecho la existencia de la vida eterna, cubierta por la noche con su funda para que no cogiera polvo y que nos reunía como antes hiciera la radio pero con mayor estupefacción.

La generación de ‘Ustedes son formidables’, Matilde Conesa y Pedro Pablo Ayuso, ‘Operación Plus Ultra’, el consultorio de Elena Francis, la canción del Cola Cao o esas ‘Peticiones del oyente’ que me dieron a conocer a Perlita de Huelva y su amigo conductor, Farina, Valderrama o las cómicas letras de Emilio el Moro, se asomaba de repente a ese blanco y negro tan ajustado a aquella España. Herta Frankel y su perrita Marilyn, Franz Johan y Gustavo Re, Joaquín Prat y Laurita Valenzuela en sus Galas del Sábado, Escala en Hi-Fi y las primeras melenas masculinas de los yeyés tomaban el relevo explícito en imágenes a lo que entonces había sido coto reservado a la imaginación ¿Cómo sería Lucecita? ¿Y Matilde, Perico y Periquín?

Ahora ya no hacía falta. Veíamos a Kiko Ledgard, nos poníamos verracos perdidos con las minifaldas de las secretarias y el apartamento del Un, dos, tres… era el sueño proletario por encima de la resolución del conflicto de la lucha de clases. Y en esos días aciagos, aunque felices para niños ajenos a la asfixia de la Dictadura, aquellos cómicos nos hacían reír. Y la risa, tantas veces antídoto para casi todo, adquiría la importancia de un oasis de oxígeno para nuestros padres derrengados de tanto trabajar, azotados por tanta estrechez y demasiadas e inmerecidas fatigas, obsesionados por su principal reto existencial: que en casa no faltara un plato de garbanzos.

Así, los ojos saltones de Antonio Garisa, la voz de pito de Gracita Morales, la ronquera inimitable de Pepe Isbert o la chulería del castizo por definición, el gran Tony Leblanc, acompañaban las cabezadas de padre o los intensos chisssssss de su señora esposa, su suegra y sus hijos para acallar los ronquidos en los que, indefectiblemente, derivaba esa somnolencia. Por eso, y aunque suene a millones de veces dicho, con la muerte del tigre de Chamberí uno siente un pellizco doloroso en el mapa de su memoria. Descanse en paz el hombre. Descanse en paz el cómico.

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