"Arafat y Sharon deben tomar medidas drásticas", por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

El señor que aparece en la foto se llama Joe Pitts, tiene 72 años y es miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Es republicano del ala más conservadora, evangelista, veterano de Vietnam y en el estado al que representa -Pennsylvania- le votan en masa. Tiene, además, una web personal que ya quisieran nuestros representantes en España. Ahora bien, se ha retratado como uno de los políticos más ineptos no sólo de su país, sino del planeta. En una respuesta por carta a un congresista demócrata que pedía a los republicanos un cambio de política sobre el conflicto palestino-israelí, Pitts contestaba lo siguiente: “con la guerra global contra el terrorismo, es el momento de que Ariel Sharon y Yasir Arafat tomen medidas drásticas contra los extremistas palestinos que han perpetuado la violencia y vuelvan a comenzar un proceso de paz“. Sí, sí. Eso dice. Sharon, en coma desde hace seis años, y Arafat, muerto en 2004, son los que tienen que tomar medidas.

La cosa, no me lo negarán, da para echarse unas risas. Como dice el periodista Elie Klein en su blog del Times of Israel, Pitts está en lo cierto. De hecho, Arafat y Sharon deberían también “mandar su apoyo a las familias afectadas por el huracán Katrina“, “hablar con Mubarak, Saddam Hussein y Gadhafi antes de que les ocurra algo” o, incluso, “vacunarse contra la gripe aviar“, no vayamos a tener un disgusto.

No son pocos los casos de políticos que se ponen a sí mismos en evidencia cuando son preguntados por una mínima cuestión cultural. Me viene a la cabeza, por ejemplo, el caso de Hernán Díaz, ex alcalde de El Puerto de Santamaría, que confundió a Saramago con Samaniego (“envidiando la suerte del Cochino, un Asno maldecía su destino“) o la presidenta argentina, Cristina Fernández, hablando del “hache dos cero para referirse al agua ante un auditorio lleno de científicos. Ejemplos como estos, miles.

No hay que ser un Shakespeare para ser alcalde, ni mucho menos. Con no hacer trampas, gestionar decentemente y no llenarse el bolsillo, la mayoría se contenta. Nadie espera tampoco que un diputado tenga como hobby la física cuántica o la poesía. Las mayorías parlamentarias, consistoriales o sucedáneas son recurrentes, a menudo, a la hora de defenderse de las acusaciones de ausencia de masa gris. Pero no. Ni una mayoría electoral da carta blanca para hablar de lo que se quiera ni deben ustedes condenarnos (perdonen que me dirija ahora directamente a ustedes) a escuchar sus salidas de tono. Tengan un poquito de compasión. Que no es que pidamos que nos gobierne Einstein, no. Es solo que, al menos, no tengamos que esconder la cara de vergüenza.

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