Apendicitis, por Javier Astasio

 
 
Tengo la opinión, y ayer la expresé la red, de que todos esos islotes y peñones de soberanía española que hay frente las costas de Marruecos son tan inútiles como el famoso apéndice vermiforme del intestino grueso, porque nadie tiene muy claro para que sirven y, a la postre, sólo traen problemas, problemas que hay que solucionar con urgencia y de manera atropellada.
Esos peñones, como el mismo apéndice, no son sin un vestigio del pasado. Quizá cumplieron en su día algún cometido en el proceso digestivo, uno, o en la defensa del territorio, en el otro, pero, hoy por hoy no dan más que disgustos, porque se convierten en puerta de entrada para los problemas.
Un militar nos diría que los tales peñones e islotes tienen interés estratégico. Y hace falta mucha fe para creer que un trozo de tierra indefendible tiene alguna importancia en la defensa del territorio. No hay más que ver la que se organizó a propósito de la isla de Perejil, curiosamente también con el PP, en el gobierno, que, tras una simbólica invasión marroquí, hubo de ser reconquistado y abandonado de nuevo en medio de una operación incruenta, los marroquíes no llevaban armas, en la que el ministro Trillo, el del Yak-42, asumió, "con fuerte viento de Levante, el papel de vedette de opereta.
No ocurrió nada irremediable, pero pudo haber ocurrido. De hecho, durante aquella crisis, se pusieron en grave peligro las relaciones hispano marroquíes y hubo de mediar en ella Estados Unidos, como aliado común e influyente.
No pasó nada entonces, pero sí ha pasado ahora. Anoche los setenta y un inmigrantes que ocupaban la Isla de Tierra fueron desalojados por la Guardia Civil y entregados a la gendarmería marroquí, salvo los menores de edad y sus madres, dieciséis en total, que fueron trasladados a Melilla. Y esto ocurrió después de intensas negociaciones entre los ministerios de Exteriores de España y Marruecos, intensas negociaciones, en las que nadie parece haber consultado a los "invasores".
El destino que le espera a ese medio centenar de hombres y mujeres desesperados es el que ya han corrido los "sin papeles" cuando Marruecos quiere hacer ver que muestra dureza, cuando resulta evidente que consiente a las mafias que los explotan. Lo que hace Marruecos en estos casos es abandonarlos, a saber en qué condiciones, en pleno desierto argelino. Algo más propio de la Edad Media que del siglo en que vivimos y que España, el gobierno de España, consiente al entregarlos.
Otra vez se ha infamado el apéndice, otra vez ha habido que acudir a urgencias. Otra vez parece que se ha llegado a tiempo. Pero algún día el apéndice reventará y el daño será incalculable. Frente a ese riesgo, está claro que quienes carecen de  apéndice, porque nunca lo han tenido o porque se lo han extirpado, viven felices y sin problemas.
Mientras, dentro de unas horas, medio centenar de seres humanos vagarán de nuevo por el desierto argelino hasta que reúnan las fuerzas o el dinero para volver a asomarse a la Europa con la que sueñan.
 
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