Anotaciones comentadas: escritores en la RDA, por Josune Murgoitio (@josmurgui)

Muro de Berlín y publicidad

Muro de Berlín en contraste con la publicidad. Una imagen extraña. /Berlín. J.M

“Al otro lado del muro. La RDA en sus escritores” es una obra, editada por Errata Naturae, que recopila los textos de autores varios (PDF) de esta antigua parte de Alemania, la vida literaria en la que era República Democrática de Alemania (RDA), antes de que cayera el Muro de Berlín, hace ya 25 años. El pasado domingo, 9 de noviembre, se cumplía el Aniversario de la caída de este muro que separaba la ciudad de Berlín y de forma más simbólica Alemania, con la consiguiente separación social. Fue afortunado que aquel muro cayera, aunque a día de hoy existen muchos otros. En la actualidad la brecha social entre oeste y este no ha desaparecido del todo en Alemania, sin tener en cuenta la brecha existente entre Norte y Sur. En Alemania también hay pobreza.

El libro se relaciona liberatura con censura, el denominado realimos socialista que marcó la vida literaria de los escritores. La ideología de la RDA creía que los intelectuales tenían que participar en la vida obrera, la democratización de la cultura, podría interpretarse. Me llamó especialmente la atención el relato de Brigitte Reiman.

¿Qué es más importante en un libro, su “calidad literaria” o el mensaje que a través de él pueda lanzarse en lo que se refiere a representación de la sociedad? Es una pregunta que se lee entre líneas en este obra, siempre me ha llamado mucho la atención, quizás sea también porque tiendo a obras que representen la sociedad en la que se enmarcan o tengan determinado calado político y/o social.

El realismo socialista se basa en la “pregunta por la capacidad de la literatura para reflejar el mundo circudante (problema del realismo) y la pregunta por su capacidad para influir en él y transformarlo”, anoté en el libro, sin atender tanto a la perfección del resultado conseguido por el autor o autora correspondiente. A veces, tengo la sensación de que en el mundo editorial y en la literatura la calidad literaria es un barómetro muy distiguido desde la perspectiva de la perfección, mucho más importante que la capacidad que pudiera tener para reflejar ese mundo circudante, o puede que se trate más bien de un género en desuso en la actualidad, aunque dada cómo es la actualidad habría que plantearse reutilizarlo.

 

¿Se escribe de la misma manera en una situación de censura? ¿Induce esa censura a escribir con más ímpetu? ¿Ayuda esa censura a publicar? Un extracto de esta obra dice así: “La literatura de la RDA siempre jugó un papel muy relevante en la RFA”. La RFA se refiere a la República Federal de Alemania, lo que suele conocerse como Alemania Occidental, por lo que la RDA constituye su opuesto. Es decir, esta última República se situaba en la parte este de Berlín y la RFA en su parte occidental.

“La expectativa de los medios alemanes occidentales era parecida a la del público de la RDA: les facinaba lo disidente. Si un texto no lograba el visto bueno del censor en la RDA, su proyección en el mercado alemán occidental se disparaba”. En este sentido, y salvando las diferencias, me ha recordado a lo que durante muchos años ha sucedido en Euskadi, al menos, una impresión personal, que por supuesto puede ser equivocada (corríjame si así es, por favor).

Hace tres años asistí al Congreso de la Convivencia y la Memoria organizado por el Gobierno Vasco, en el que formó parte el sociólogo Imanol Zubero. Habló sobre violencia, prejuicios, imágenes negativas… explicó cómo le había llamado la atención que autores que habían tratado el conflicto vasco desde una perspectiva no independista sino tratando las horrorosas consecuencias de ETA, tales como Willy Uribe en su obra “Allá donde ETA asesinó” o el dramaturgo bilbaíno Ignacio Amestoy “Anagnolisis” que expone una obra donde el público sufre una especie de catarsis, habían tenido más representación fuera de Euskadi. Puede que a los autores que han tratado cuestiones como los presos o ETA desde un punto de vista diferente les haya ocurrido a la inversa, como es el caso de Sarrionaindia. El propio Willy Uribe, en una reunión que tuve con él, me reconoció que en una presentación en una librería, el librero le había comentado que no había puesto su libro “Allá donde ETA asesinó” en el escaparate para evitar problemas o situaciones incómodas.

¿Cuál es la función que atañen en la actualidad a los libros? ¿cuál es la función de la literatura? En un contexto caracterizado por la crisis económica, la crispación social y el rechazo a los representantes políticos. La corrupción es una lacra que todas las semanas ocupa algún titular en España. En Euskadi se trataría de la restauración de la humanidad. ¿Qué aportan las obras en este contexto? ¿Tienen la obligación de aportar de alguna manera? Hay que tener en cuenta la falta de credibilidad en la que han caído los medios tradicionales, aunque también en un intento de redignificar el oficio del periodista, muchos medios digitales se han lanzado para informar con la mayor honestidad posible, y con cercanía a los ciudadanos. ¿Cumplió la literatura una función sustitutoria en esa decadencia de los medios de comunicación en España?

Algo específico de la literatura de la RDA es que desde sus primeros días hubo de asumir una función sustitutoria. En un entorno el que no había nigún medio de comunicación libre (…) los libros se convierten en el último espacio público donde pueden dirimirse diferentes de opinión. Eso hacía que la gente estuviera ávida de libros, más exactamente, de los libros de los disidentes (…) ; era interés por los propios asuntos públicos que no podía verse satisfecho de otro modo. El mensaje político constituía el rasgo enteramente dominante de un libro, casi ningún autor podría haberse permitido NO tenerlo en cuenta. Otros aspectos de la escritura como la facilidad o el gusto artístico… tenían importancia más que nada por hacer valer lo esencial, que era el mensaje“.

Al escribir una obra, cierto escritores tendemos a lanzar un mensaje. No tiene por qué tratarse de un mensaje que se corresponda a un voz determinada, sino un mensaje de una realidad, que a la vez, puede estar conformada por diferentes mensajes. Le di mi novela a un escritor para que la leyera. Me dijo que la visión general era bastante pobre, y que había muchas cosas que no funcionaban. No hay que hacer mucho caso de lo que a una le dicen, ya sea para bien y para mal, pero sí me sorprendió y así se lo dije que no indicara ni un solo aspecto positivo, ni siquiera referente al mensaje. Lo importante no es si una obra es perfecta o todo funciona en ella, lo veo bastante difícil al tratarse además de una primera obra, sino la importancia de esa obra a la hora de destapar realidades. Unos medios hablan de unas cosas, otros medios hablan de otras. Pero ninguno habla de todo. Y es legítimo, no digo que no. Pero llama la atención.

Me gustan las novelas con mensaje, creo que por eso me gusta tanto George Orwell, o Sofi Oksanen o incluso la obra “La hija del este” que Clara Usón escribió.

Deberíamos retomar la importancia del mensaje, dejar la elegancia y los trucos de la estética en un segundo plano, y abordar una obra desde la importancia de su testimonio en una época convulsa, en vez de centrarla tanto en los intentos de satisfacer las necesidades perfeccionanistas de los críticos o los revisores.

Esa es al menos mi conclusión de este magnífico libro.

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