Anacletos, por Javier Astasio

 
 
 

Qué lástima de país. Da la impresión de que aquí vivimos en un continuo "todos contra todos", en el que lo que más importa ah dejado de ser qué pueden hacer por nosotros los partidos, el gobierno y la prensa, para convertirse en el “cómo puedo arruinar el prestigio de..”  o, como muy bien lo definió Esperanza Aguirre en su confidencia televisada a su delfín González, en aquel "qué tenemos contra este", en el que se refería, dijera lo que dijera después, a un compañero de partido, al que disputaba el poder en el mismo.

Decir que la cizaña crece sólo en los campos de la política resultaría tan generoso como cándido. Esta mañana me he despertado con un panorama sombrío de "huele braguetas", como se les llamaba en el cine y en la novela negra, generalmente policías que han pasado al lado oscuro, espiando a unos al servicio de otros y, lo que es peor, viceversa. Se habla de una verdadera plaga en Cataluña, pero aquí, en Madrid, tenemos en los juzgados desde hace unos años la trama de "anacletos" en nómina del gobierno de Esperanza Aguirre que, al parecer, espiaban a todo el que se interponía en el camino de la presidenta. Pero los anacletos no son de hace cinco, ni siquiera de hace diez, años. Recuerdo que, ya en los ochenta, se hizo el "barrido" electrónico de más de una sede de partido en busca de micrófonos ocultos o, porque no decirlo, se hablaba, y cómo, de los submarinos, que no eran otra cosa que infiltrados en un partido, al servicio de otro. Cuentan que Bono, en su etapa en el PSP de Tierno, lo era para su entonces amigo Alfonso Guerra.

Mucho más sucio y vergonzante resulta aquel video que se hizo de un conocido periodista con una periodista y que se distribuyó en todas las redacciones -yo me negué ver aquel video que llegó en un sobre a la mía- para acabar con su prestigio, en un momento en que resultaba molesto para el poder. De la misma calaña son todos esos políticos del entorno rural que dedican más tiempo a "pillar" a sus adversario en un mal momento, sea el que sea, que a resolver los asuntos de sus votantes.

Y si esto es reprobable y un tanto vomitivo, más lo es que, una vez obtenida la prueba, no se lleva a los juzgados, sino que, una de dos, se lleva a la prensa o, mucho más fácil, se cuelga en Internet o bien se le enseña a la "victima" para hacerle chantaje, convirtiéndolo en un aliado forzoso para, vete tú a saber, qué asuntos.

Lo más triste es que en toda esta oscura madeja está la prensa. Esa prensa que, para nuestra desgracia, ha dejado de estar al servicio de los lectores y la audiencia, para convertirse en el escaparate en el que se exponen los resultados de todas esas oscuras prácticas de las que hablamos. Aunque sería injusto hacer generalizaciones, hace mucho tiempo que la prensa ha dejado de investigar, para convertirse en receptora de dosieres, siempre sesgados que depositan en ella las fuentes con el compromiso no escrito de mantener el sesgo, so pena de que la próxima vez el material vaya a parar a otras manos.

Me diréis que, gracias a esas prácticas y otras más sucias aún, conocemos, por ejemplo, los papeles de Bárcenas. De acuerdo, pero no me negaréis tampoco que ese libro de contabilidad hubiese estado mejor en manos del juez que, por ejemplo, hubiese dado carta de naturaleza al que lo entrega, que hubiese tenido que "retratarse" ante el juez, acabando con ese tira y afloja tan peligroso que supone el chantaje de quien tan bien conoce las cuentas del PP a quien ya ni se atreve a pronunciar el apellido del que fue su contable.

En fin, esta gentuza ha convertido la política y el país en un patio de vecindad, en el que dosieres, fotos, grabaciones y videos, conseguidos por propia mano o a través de anacletos a sueldo, se lanzan de una a otra ventana, tratando de causar el mayor daño posible al vecino, mientras el portal se cae a pedazos y el ascensor hace tiempo que no funciona.



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