Amorales, por Javier Astasio


Debe ser duro lo del ministro Montoro. Debe ser muy duro levantarse cada mañana para encontrarse con esa cara en el espejo, mientras se escuchan en la radio los balbuceantes "chascarrillos" con que ha tratado de explicar su última fechoría. Debe ser muy duro, salvo que se carezca de moral.
Cómo, si no, puede explicarse que quien perdona a los delincuentes que roban lo que es de todos, porque esquivar a Hacienda no es otra cosa, se permita decir con la mayor de las solturas que hay que subir el IVA que, por ejemplo, también grava la leche del desayuno, la harina o el pan con que subsisten muchos y los pañales de los bebés y sus abuelos, porque hay quien no lo paga y, para compensar esa carencia, nada mejor que apretar más las tuercas a quienes están "cazados" por el sistema.
Sólo se puede ser más inmoral si, simplemente, se carece de moral, lo que, bien pensado, no deja de ser una magnífica vacuna para pasar por la vida sin que nos afecten los crímenes de unos ni el dolor de otros. Una vacuna que tiene virtudes anestesiantes, que controla las náuseas que a cualquiera le producirían algunas cosas y que, además, borra de la memoria culpas y responsabilidades.
Qué suerte la de Montoro y otros como Montoro. Qué suerte, decir una cosa y la contraria sin que pase nada. Entre otras cosas, porque tan amorales como Montoro son los responsables de los medios de comunicación que tragan y tragan como un enorme sumidero todas las imposiciones de los partidos, especialmente del que está en el gobierno, y admiten sin pestañear todas estas tropelías.
Sólo hay una cosa peor que estar gobernados por personajes sin moral y sin conciencia. Esa cosa es que lo hagan en medio del silencio de quienes todos pensábamos que cumplirían el papel de ser la conciencia crítica de la sociedad.
A este paso, unos pocos pagarán la cuenta de todos, especialmente la de los ricos, los estafadores, los saqueadores de bancos con llave de la caja, los defraudadores y todos los mafiosos que revolotean sobre los que van cayendo en el largo camino de la crisis. Esos pocos serán quienes tengan la suerte de cobrar una nómina y quienes todavía puedan comprar pan, huevos y aceite.

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