AMISTADES PELIGROSAS, por Javier Astasio


Mal asunto el de las tertulias radiofónicas y televisivas. Se habla tanto y de tantas cosas, se da tantas vueltas a los mismos argumentos, se habla tanto sólo para no estar callado, se llenan los incómodos silencios con tanta nadería que la única posibilidad de no tener la boca cerrada, el único modo de poner a salvo los suculentos honorarios que en ellas se pagan, la única actitud que permite sobrevivir en ellas es la de la frivolidad.
Con honrosas excepciones, que las hay, el perfil del tertuliano es el de una especie de juglar que canta las excelencias del partido que defiende, a veces como militante disciplinado, a veces con tintes más o menos críticos y, las más de las veces, como periodista bien "informado" que vale lo que valen las filtraciones de parte que recibe, que es llamado a los platós y los estudios formando parte de uno de los "cupos", con que se conforman, en función del color de sus opiniones, las tertulias.
Supongo que Javier González Ferrari, al que tengo por amigo, no era capaz de imaginar en qué iba a acabar el formato que puso en marcha hace más de treinta años en la SER con aquella "Trastienda", pionera en el "género", que cerraba "Hora 25". A ella, fui testigo, acudían conocidos periodistas, de distintos colores, de distintos medios, que aportaban sus "primicias" y que confrontaban sus propias opiniones sobre asuntos de actualidad. Pero desde aquello, ya lo he dicho, ocurrió han pasado muchos años, tantos, que es difícil identificar sus objetivos, más cercanos al debate, tan del gusto de nuestros vecinos franceses, que de los gallineros con los que, bajo la consigna de "más rato más barato", se cubre tiempo de antena con un coste mínimo.
De todo esto debería desprenderse, al menos eso pienso, que el género, el lugar de encuentro en que se han convertido las tertulias es un territorio peligroso y perverso en el que, además, se fomentan amistades peligrosas. Escribo esto último al hilo de la salida que ha encontrado el concejal socialista del Ayuntamiento de Madrid, Antonio Miguel Carmona, el de las naumaquias en el estanque del Retiro, que, para justificar su relación con el hoy detenido ex presidente de Ausbank, Luis Pineda, después de haber sido sorprendido en una comprometedora conversación telefónica, aduce que le conoció en una de esas tertulias y lo dice como quien dice estoy sucio hasta las cejas, porque vengo de un barrizal,
Tendría que explicar Carmona en cuál de las muchísimas tertulias en la que ha participado y participa se cruzó con Luis Pineda. También cual fue su relación con él, como para relacionarse con él con esa familiaridad y para que Pineda se atreva a pedirle colaboración para neutralizar a una concejala, la de Cultura, Celia Mayer, que, al parecer, estaba poniendo trabas a uno de sus negocios, además de pedirle, de paso, que le busque una antena para la radio que está montando para Ausbanc, que, a cualquiera medianamente informado, no se le escapa que con el fin de convertirla en una poderosa herramienta para sus extorsiones.
No digo ni pretendo hacerlo que cuantos asoman la patita en las tertulias lo sean, pero convendría recordar que algunos de nuestros políticos y periodistas más polémicos son o han sido participantes en alguna de esas tertulias. Sin ir más lejos, Francisco Granados, preso desde hace más de un año en la cárcel de Estremera, era habitual de las de la Sexta y la SER y que algún periodista que sin duda hoy renegará de él, defendía su honorabilidad cuando fue "pillado" con cuentas en Suiza y ya se sabía de su implicación en el espionaje "entre colegas" en el gobierno de la Comunidad de Madrid.
Dicen que el roce hace el cariño y debe ser así, porque son muchas las relaciones contra natura que se establecen en esos ambientes, en esos ratos perdidos que acaban en cenas, comidas o cañas, en las que se acaban intercambiando cromos y favores. Ambientes irreales en los que se levantan la voz y se hacen aspavientos quienes, cuando se apagan los focos o se cierran los micrófonos, hablan de "sus cosas" y, caña a caña, café a café, favor a favor, tejen su red de amistades peligrosas.

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