Algarabía, por Javier Astasio

 
 
De nuevo, la realidad se interpuso ayer en el camino de Rajoy. Le salió al paso en Barcelona y lo hizo de manera contundente, porque más de millón y medio de personas en la calle, millón y medio de verdad, no como los cuentan en la villa y corte, son muchos ciudadanos para despreciarles como ha hecho tildando su demostración de fuerza como una simple "algarabía".
A veces dudo de que Rajoy esté en este mundo. O, cuando menos, dudo de la capacidad de quienes se llevan importantes sueldos por asesorarle. ¿No sabe el señor Rajoy que el nacionalismo es cosa del alma y que despreciarlo, como hizo en su tediosa entrevista televisiva del lunes, sólo contribuye a agudizarlo y engrandecerlo? Haría bien don Mariano en sacar las orejas a la calle, sin intermediarios y en los lugares apropiados, para no tener sólo la imagen que del país le llega a través de esa prensa que hace buena la frase de una pintada leída ayer en Madrid "Nos están meando encima -reza la pintada- y la prensa dice que llueve".
¿Se pararán a pensar los sesudos analistas políticos de uno y otro lado en el porqué de lo que ocurrió ayer en Barcelona? ¿Serán capaces de averiguar la causa del éxito de la convocatoria? Más nos vale que así sea, porque quienes piensen que cada uno del millón y medio de ciudadanos que salieron a la calle está a favor de desgajar Cataluña de España se equivocan gravemente. Gran parte de quienes allí estaban están cabreados por lo mal que lo están pasando y se revuelven contra lo que les han dicho que es la causa de tanto recorte y tanta penuria. Es más, de haber estado yo ayer en Barcelona, me habría echado a la calle como uno más de los manifestantes para expresar mi descontento, porque pienso que si la misma España pudiese independizarse de esta España que nos han dejado lo haría.
De momento, me conformaré con asistir a la marcha sobre Madrid de este próximo sábado, día 15, otra algarabía que reclamará que se consulte a los ciudadanos sobre los terribles recortes con que están pagando una crisis que, por más que se empeñen quienes se empeñan, no han provocado.
Millón y medio de ciudadanos en Barcelona y cuántos en Madrid. Habrá que verlo y habrá que estar allí para reclamar lo que es nuestro: el derecho a ser consultados en asuntos tan graves como los que estamos padeciendo y el derecho a montar líos y algarabías siempre que nos creamos estafados por quienes van a las urnas con un programa y gobiernan haciendo lo contrario de lo que prometieron.
Rajoy, Aguirre y tantos otros se están ganando a pulso verse rodeados de algarabías cada vez más grandes y más frecuentes. El desprecio al pueblo acaba siempre teniendo consecuencias y no precisamente buenas. La desvergüenza que supone amnistía a quienes llevan años estafando al Estado, a Hacienda, que, como todo el mundo sabe somos todos, frente a la dureza con que se deja caer la ley sobre quienes están perdiendo su hogar porque han perdido el trabajo, no puede quedar indemne.
Este gobierno lleva sólo nueve meses en ejercicio, pero parece que lleva nueve años y de los peores Sus recetas, que ni siquiera son suyas, no valen como ha quedado demostrado en Portugal. No nos podemos quedar de brazos cruzados mientras sucede. Hagamos lo posible para que quienes esquivan al Parlamento y tienen tan dudosa legitimidad para ejercer el poder -puesto que lo ganaron estafando a los votantes- dejen de ejercerlo.
La algarabía es lo único que nos han dejado. Así que ¡a ella!
 
 
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