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AHOGAR AL MENSAJERO, por Javier Astasio

 
A estas alturas del sainete no sé si a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid le quedan amigos, pero, si le quedan, alguno de ellos debería pedirle que deje de hacer el ridículo, que abandone esa patética actitud de seguir creyéndose víctima de una conspiración, que se relaje, que se olvide de lo que fue y lo que quiso ser, porque, lo quiera o no, es, y lo es desde hace tiempo, un cadáver político.
Ese amigo, si le tiene cariño y aún la respeta, debería decirle que abandone el estrambote de querella que, en pleno éxtasis de lo que creyó su martirio, en plena huida hacia adelante, presentó contra el director de eldiario.es, Ignacio Escolar, y la redactora jefa de Política Social del periódico, Raquel Ejenique, y contra el profesor que al parecer les facilitó parte de la información en que basaron parte de lo publicado sobre el escándalo de su falso máster. Debería convencerla, porque, siendo veraz lo publicado y resultado de una falsificación lo revelado, difícilmente puede un juez que se respete dar la razón a la señora Cifuentes.
A pesar de todo, la querella sigue adelante y, hoy mismo, los periodistas declararán ante  el juez como querellados y tendrán que defender, supongo que con orgullo, su trabajo, uno de los mejores llevados a cabo por profesionales de la información en los últimos tiempos, lleno de información veraz y de interés general, perfectamente administrada y, sobre todo, valiente, porque, a veces, incluso quienes defienden la razón y la verdad tienen que ser valientes ante las dentelladas del poder que se toma como una obligación silenciar y, si es posible, eliminar para siempre a quienes se atreven a exponer sus vergüenzas.
Afortunadamente, en el asunto que nos ocupa, el relativamente modesto tamaño del medio y su modo de difundirse, un diario digital, han sido su mejor defensa, entre otras cosas porque no depende de la publicidad institucional, como otros, para garantizar su subsistencia y, por ello, el habitual chantaje a la dirección de otros medios no fue, en este caso, posible. Las informaciones fueron cuajando una tras otra y generando, dada la ineptitud de Cifuentes o sus asesores, nuevas informaciones a cada traspiés que iban dando. Aquí no hubo ese "te quito esta campaña" o "ya no vas a salir más en los medios que controlo", como de hecho hizo un tal Cebrián con el propio Escolar. 
Aquí sólo hubo periodismo del bueno y, sobre todo, mucho coraje, el que da saberse respaldado, no por los anunciantes, sino por los propios lectores. Hubo también astucia, la astucia de quien conoce el oficio, Escolar y Ejenique lo conocen, y decencia, mucha decencia, porque, a diferencia de otros y pee a conocer el triste asunto del hurto de las cremas de Cifuentes, no fueron por el camino más fácil y optaron por el interés frente al morbo.
Al final, la presidenta, destrozada anímica y físicamente, se fue precipitadamente por la canallesca difusión de un vídeo que debiera haber sido borrado hace años. Pero por más que haya quien lo diga, no se marchó por eso. Se marcho porque se vio acorralada y desprestigiada por el trabajo de un excelente equipo de hombres y mujeres que, a muchos, a mí al menos, nos devolvió la fe en una hermosa profesión que se ha dejado ahogar, lo han hecho sus responsables, por el café y los licores de demasiadas comidas de trabajo, comidas en las que el poder, económico, político o cómo quiera que sea, trata de pastorearles con el intercambio de cromos y favores.
El trabajo de Escolar, Ejenique y sus compañeros fue impecable y, desde luego, no lo van a echar a perder "delatando" a sus fuentes, porque ese es quizá el único mandamiento, junto al de defender la libertad y la verdad, que un periodista no puede desobedecer nunca.
Cifuentes y sus abogados intentar ahogar al mensajero. Vano esfuerzo y un triste consuelo para quien, por su mala cabeza, ya lo ha perdido todo.
 
 
 

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