¡¡¡Agua va!!!, por Javier Astasio

Cuando, en España, orgullosa de haber echado al mar a los árabes, adoradores del agua que hacían correr por sus palacios, cuando las infraestructuras romanas eran apenas un recuerdo asfixiado por la vegetación, cuando la ilustración, la cultura, era cosa de afrancesados y el saneamiento de viviendas y ciudades ni siquiera era un sueño, cuando las aguas negras corrían a cielo abierto por nuestras calles, cuando elegíamos el embozo y la incultura, de vez en cuando tras una ventana abierta se escuchaba la fatídica advertencia de ¡agua va!, como preludio del vertido de aguas sucias y cosas peores sobre cualquiera que pasase bajo ella.
Ayer, los españoles de este siglo nos hemos visto sacudidos por otro palanganazo fétido que, no por sabido o sospechado, da dejado de producir en nosotros la arcada, la náusea, que retuerce nuestras entrañas cada vez que comprobamos cómo quienes predican la austeridad que nos imponen viven en la más obscena de las opulencias a costa de lo que debería destinarse a remediar la desgracia y la injusticia que abruma a tanta gente en este país desde hace años.
Ayer, a primeras horas de la mañana, una noticia, la de que se estaban desarrollado una operación policial, con registros y detenciones en torno a la empresa que ostenta el monopolio del agua en la Comunidad de Madrid, se convirtió en el "agua va" que advertía de toda la mierda, así. con todas sus letras, que se nos venía encima. El Canal de Isabel II, el canal, la empresa pública que el PP se había empeñado, afortunadamente sin éxito, en privatizar, había sido saqueado durante años a beneficio, aún por precisar, del propio Partido Popular o de los bolsillos de los implicados.
La operación, bautizada "Lezo", en homenaje al militar que dirigió frente a la arenada británica la defensa de Cartagena de Indias, la ciudad colombiana donde Ignacio González y otros directivos del Canal que entonces dirigía fueron sorprendidos entrado en una mansión, con bolsas de plástico llenas de abultados paquetes, que no portaban a su salida. Unas imágenes resultado de la guerra interna que se produjo entre las familias del PP y que dio lugar al no resuelto "caso espías", en la que, pagados con dinero púbico por Francisco Granados, agentes al servicio de la Comunidad de Madrid buscaban "material" inculpatorio contra los enemigos de Granados, no para llevarles ante los tribunales, sino para su chantaje e intimidación, en la lucha por el poder en torno a Esperanza Aguirre.
Por lo que vamos conociendo, Ignacio González, que pretendió permanecer al frente del Canal siendo ya presidente de la Comunidad de Madrid, utilizó la expansión presuntamente ruinosa de la empresa en Latinoamérica, ruinosa para los madrileños, no para él ni para su partido, para desviar fondos de la empresa pública a sus propios testaferros.
Decenas de millones presuntamente perdidos en la compra de empresas locales a precios desorbitados a través de empresas interpuestas en paraísos fiscales que no tenían otro fin que el de desvanecer el rastro de pérdidas y beneficios, algo muy parecido a lo que hizo Miguel Blesa con la ruinosa compra de un banco en Miami mientras fue presidente de Caja Madrid. Los mismos métodos de personajes parecidos con padrinos cercanos, que han permitido a oscuros personajes, apenas funcionarios, a los que la cercanía a la política había convertido en propietarios de deslumbrantes mansiones, yates de lujo u ostentosas colecciones de relojes o arte.
Sin embargo, el caso que ayer salió a la luz, no muy distinto de otros ya conocidos, tiene, además, escandalosas ramificaciones en la prensa y la justicia, porque figuran como implicados el pringoso Francisco Marhuenda y su jefe en LA RAZÓN, acusados de presionar, mediante la amenaza de iniciar campañas periodísticas contra ella, a la presidenta Cristina Cifuentes, para evitar que llevase a la Fiscalía las irregularidades descubiertas en el Canal de Isabel II, en las que aparecía como presunto responsable, Edmundo Rodríguez, consejero de LA RAZÓN, miserias nauseabundas de como se hace y se ha hecho periodismo en este país, que no son las únicas puestas al descubierto por este caso, ya que también supimos que el flamante y discutido fiscal anticorrupción, Manuel Moix, que ordenó por escrito la suspensión de un registro previsto por el juez Velasco y la UCO y que sólo la rebelión de los fiscales del caso, que convocaron la junta de fiscales para echar abajo la orden de Moix, permitió llevar a cabo.
En fin, debemos estar preparados para toda el agua sucia que va a llover sobre nosotros y, sobre todo, debemos estar preparados para soportar a toda esa gente que, aun empapada por tanta mierda como le está cayendo encima, volverá a votar, no sé por qué extraña razón, a quienes se la arrojan encima.
¡¡Agua va!!

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*