Abuso de poder, por @CarlosPenedoC

Está claro que se puede ser cura y no pederasta, y se puede ser militar y no torturar, la inmensa mayoría no actúan así. Se trata de dos colectivos de tal amplitud que las generalizaciones en positivo o en negativo deberían estar prohibidas por prudencia estadística, en 18.000 curas o 135.000 militares hay de todo, incluso delincuentes.
Pero la tolerancia sólo puede ser cero para quienes confiamos la educación de nuestros hijos, nuestros miedos o el monopolio de la violencia. Si no se puede evitar la comisión del delito -como sería exigible-, sí debiera existir tal cúmulo de filtros y cortocircuitos que ante un caso de este tipo al minuto siguiente saltaran todas las alarmas.
Afortunadamente para nosotros, en España, Europa y mundo anglosajón (el término Occidente despista) juzgamos a cada uno de los nuestros por lo que hace, a diferencia de lo que suele ocurrir con árabes y musulmanes, a quienes juzgamos en grupo y por lo que son, y en su caso un delito o actuación negativa representa a toda la comunidad.
El pasado 17 de marzo El País difundió un vídeo que muestra torturas infligidas por soldados españoles a iraquíes a comienzos de 2004 en Irak. Hace nueve años. La reacción más habitual ha sido preguntarse por el momento de su difusión, por qué ahora, a quién beneficia y cuidado con no generalizar, incluso aparecen rencillas entre periodistas, sobrevolando todo el mundo la extrema gravedad del suceso.
Se cumplen 10 años de la participación de España en la coalición de apoyo a la invasión de Irak, cuando nuestros responsables políticos confundieron jugar en primera división internacional con meter al país, y a los militares, en una guerra justificada con engaños e ilegal.
Primero, Irak: no es decente hablar de la invasión de Irak obviando a los iraquíes, debatir sobre geopolítica sin mencionar a los muertos. ¿Cuántos? 109.000 documentados por el Pentágono entre 2003 y 2009, conocidos gracias a Wikileaks. Súmense los no documentados y las condiciones de vida destrozadas por la invasión que aún hoy no ha recuperado los niveles del dictador, lo que también provoca muertes (sanidad, alimentación, agua); situación extrañamente compatible con una producción de 2,6 millones de barriles de petróleo diarios. Si pusiéramos en fila una estimación moderada de iraquíes muertos por la invasión del país en el arcén de la N-II llegaría de Madrid a Zaragoza. Todos evitables, todos con nombre y apellidos, con esposa, padres, hijos, vecinos, suegra y algunos incluso con hipoteca.
Segundo, la guerra. El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas afirma que “los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”. Desde 1945 la guerra está prohibida, salvo en legítima defensa. La misión principal hoy de cualquier ejército civilizado y de cualquier ministerio de Defensa es evitarla. No ocurrió así en 2003.
Está bien un nivel medio de mitificación de la guerra por si nos toca defendernos de una agresión externa, pero sin olvidar en el fondo que una confrontación bélica implica el caos y la matanza de otras personas. Sorprende la ligereza con la que se habla de la guerra, inadmisible hasta en el caso hipotético de un corresponsal en campaña promocional de su libro.
Fernando Botero, "Abú Ghraib 60".
Las torturas conocidas gracias a El País ocurrieron porque España participó en la invasión de Irak, y por supuesto no pudo escapar, sino que fue parte, de la ruptura de la ley que supone una situación de este tipo. En las guerras se mata a los civiles, se viola a las mujeres, se tortura, se profana a los cadáveres, se graba todo o fotografía con el teléfono móvil y se roba a manos llenas al amparo de la defensa de valores excelsos.
Las guerras hay que evitarlas, no inventarlas, y si caes en una, blindarte legalmente y ser consciente de que acabas de entrar en la sinrazón que permite acabar con la vida de los demás.
Hace 15 días El País publicó lo que parecen ser pruebas de militares españoles torturando a iraquíes. El Ministerio de Defensa y el Ejército de Tierra ya llegan tarde para ofrecer todo tipo de explicaciones y que los autores paguen el delito.
La Base Naval de Rota ha duplicado su capacidad de atraque desde el año 2007, con una confusión entre OTAN y EE.UU en la justificación de las obras muy similar a lo que ocurre con el escudo antimisiles.
Precisamente durante estas semanas se encuentra en trámite parlamentario la reforma del convenio de Defensa entre España y EE.UU., ha pasado por el Congreso, va hacia el Senado, con una indiferencia entre la opinión pública que debería de hacer pensar a los parlamentarios. Detrás de la reforma está la participación de Rota en el escudo antimisiles de EE.UU. Las últimas amenazas de Corea del Norte darán nuevos y falsos argumentos para justificar una de las decisiones más importantes de política exterior de los últimos años, no explicada por el anterior Gobierno ni por el actual.
Dentro de las noticias probables y no confirmadas se encuentra que Francia puede reducir sensiblemente su presupuesto de Defensa y el número de militares; y que el Ministerio de Defensa, el nuestro, no tardará en pedir-conseguir 1.000 millones de euros con aparente destino a contratos de armamento (en 2012 se aprobó un crédito extraordinario de 1.800 millones a mitad de ejercicio, una subida del 28% en el presupuesto inicial del Ministerio), lo que no puede generar más que confusión sobre las cuentas de Defensa y dudas de por qué Alemania, Reino Unido o Francia están renegociando contratos y España no, o aún no.
Frente a la confusión, voluntaria o accidental, se agradece la aparición de informes como el elaborado por Bernardo Navazo para la Fundación Alternativas sobre el impacto y la necesaria reacción de la Defensa ante la crisis económica. Pone sobre la mesa los suficientes datos, actuaciones de países cercanos y elementos para el debate y el análisis que justifican su lectura incluso sin tener en cuenta la reacción que ha provocado entre buena parte de un ámbito político y económico poco dado a la autocrítica, un atractivo más.
Sebastián Terraga, "Guantánamo Fashion".
Defensa creará una gran centro de I+D+i con el INTA y La Marañosa, lo que parece una decisión razonable.
Los aviones sin piloto siguen volando, y Obama da un paso y asegura que no empleará drones para atacar a ciudadanos en EE UU.
Y finalmente parece que ahora descubrimos el papel de los lobbies y de los intermediarios en los grandes contratos internacionales, que en todos los casos actúan a comisión. No es criticable esa función, quizá lo pueda ser las formas y la personalidad de algunos que dedican buena parte de su tiempo y esfuerzo a estas tareas. El pasado idealizado ya no va a poder tapar comportamientos dudosos.
Enhorabuena a la Revista Española de Defensa por su 25 aniversario, editada por el Ministerio de Defensa y sin duda lo mejor de entre la veintena de publicaciones periódicas que financia esa casa.

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