Aburrimiento y hartazgo, por Javier Astasio


Aburrimiento y hartazgo. Esas son según el observatorio de la SER, una encuesta que se acaba de hacer pública hoy, las dos palabras más señaladas por los consultados, para definir la actual situación política, bloqueada va ya para diez meses, por unos partidos o, mejor dicho, unos líderes a los que no les apetece gobernar, si no es con mayoría absoluta o, a lo sumo, con un socio manipulable. Y, si es mala esa primera lectura del sondeo, peor aún es, al menos para mí, la que puede hacerse agrupando a los consultados conforme a su último voto en las urnas. en el perfil de los consultados, por ejemplo, en cuál fue su voto en las últimas elecciones. Peor, porque a quienes menos parece afectar el impasse, el limbo asfixiante en que vivimos, es a los votantes del PP.
Debe ser que de tanto votar le han acabado pareciéndose a Rajoy, como algunos acaban pareciéndose a sus mascotas y viceversa. porque, pese a que manifiestan lo contrario, ponen cara de preocupación e invocan al Apocalipsis, están tranquilos para sus adentros, porque saben que el tiempo está jugando a su favor, porque lleva al desánimo y la abstención, y saben que, en el desánimo y la abstención, el PP tiene las de ganar.
Este deprimente sondeo, insisto, para mí, coincide con una serie de encuestas que, todas, otorgan al PNV y al PP gallego victorias holgadas en las elecciones del domingo en Euskadi y Galicia, en tanto que pronostican el hundimiento de los socialistas, sobrepasados por las Podemos y las mareas. Así las cosas, parece claro que uno y otro, Íñigo Urkullu, y Alberto Núñez Feijoo, renovarían gobierno en sus respectivas comunidades y que, los resultados no influirían en futuras negociaciones para formar gobierno, salvo porque debilitarían las posiciones de Pedro Sánchez, y su "no es no" a Rajoy, tocado por el desgaste de sus siglas vascas y catalanas.
Lo que resulta realmente curioso es que Sánchez, que no ha hecho otra cosa que defender el No a Rajoy con el que se presentó a las elecciones y que cuenta con el respaldo en las encuestas de la práctica totalidad de los votantes socialistas, se convierta en el chivo expiatorio de sus "barones", responsables en gran medida de los malos resultados en las autonomías. No quiero ni pensar cuál va a ser la actitud de todos esos reyes de taifas, deseosos de comerse el hígado del primer secretario 
general que, en su partido, ha optado por escuchar antes a las bases que, al sanedrín de ex presidentes y presidentes en activo, demasiado atados por el pragmatismo y la mala conciencia de hasta dónde nos han llevado con su cómodo, para ellos, pragmatismo.
Hartos y aburridos se muestran los encuestados y horrorizados ante la posibilidad de volver a las urnas por tercera vez, pero, también, convencidos de que el mejor gobierno posible sería uno que deje fuera a Rajoy, firmado por socialistas, Podemos, Ciudadanos y nacionalistas. Nada que ver con lo que Rajoy, los poderes fácticos, sublimados hoy en el IBEX 35, o los acomodados gerifaltes socialistas quieren para España.
Cada vez que me paro a pensar en estas cosas, no puedo quitarme de la cabeza la oportunidad perdida por Podemos, para "abrochar" en marzo un gobierno capaz de desalojar a Rajoy de La Moncloa, una oportunidad perdida por la actitud irresponsable de Pablo Iglesias, que vendió la piel del oso antes de cazarlo, dinamitando cualquier posible acuerdo alternativo. No sé si se han parado a pensarlo, pero, desde entonces, no han hecho sino caer, perjudicándose y perjudicando la imagen de la izquierda, desunida una vez más, e incapaz de anteponer el bienestar de todos a su propia gloria.
No sé cómo acabarán las elecciones del segundo. Posiblemente con el asentamiento del PNV y el nacionalismo de izquierdas en Euskadi y la eternización, si es que existe la palabra, del PP en Galicia, liderado de nuevo por el chico de las narco amistades peligrosas. Lo que sé es que, a Sánchez, si no le defienden sus bases, le van a hacer picadillo.

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