A vueltas con las etapas llanas, por @RodriguezPPedro

Las etapas llanas pecan, cada vez más, de ser poco atractivas para el público.

Las etapas llanas, esas extrañas jornadas de ciclismo que deseas que acaben lo más rápido posible. Esos pegotes de las grandes y pequeñas vueltas, transitorias, anodinas, incómodas, soporíferas. Con el paso de los años aumentan su indigestión, sobre todo en las grandes rondas (Giro, Tour y Vuelta) y su contagio parece atisbarse en vueltas menores (París-Niza, Tirreno, Romandía y Dauphiné), siempre más nerviosas e imprevistas. El ‘ciclismo control’ se adueña por completo de ellas y sólo las caídas y las montoneras intentan despertarlas, de manera repentina, de su plácido letargo.

 

Esta clara evolución nefasta para el espectáculo ciclista está siendo amparada por una serie de medidas ridículas y faltas de toda lógica, ideadas y gestionadas por los organizadores de las carreras, al amparo de la omnipresente y potente Unión Ciclista Internacional. De momento, las audiencias se mantienen dentro de la normalidad en esta edición del Tour, pero los chistes (malos o buenos, dependiendo del momento) del señor Pedro Delgado se agotan y el tratado sobre châteaux e iglesias góticas del norte de Francia comienza a saturar el cerebro de no pocos espectadores. Bastante hacen los conductores de la retransmisión, grandes profesionales, de eso no hay duda.

El Tour de Francia, al igual que el Giro y la Vuelta, adolece de un problema serio de atracción en su primera semana de competición. La situación se percibe más acusada en el caso de la ronda gala, con más seguimiento, más horas de retransmisión y porque se supone que están los mejores corredores de cada casa. La tendencia generalizada a guardar fuerzas (de algunos no se sabe para qué), el control férreo de grandes escuadras, la falta de sprints intermedios, de cotas y de pavés, sumado al poco interés y lucha por formar las fugas, hacen que el término ‘marcha cicloturista’ cobre más fuerza dentro de una carrera profesional. Y no peca de exagerado este último calificativo.

Ayer se amplió la zona de seguridad, sin esgrimir motivos claros

Por si esto fuera poco, ahora se pretende que las caídas en los últimos kilómetros queden impunes de cara a la general, debido al efecto de la incomprensible norma de la zona de seguridad. Esta regla lleva ya varios años funcionando en numerosas vueltas por etapas, anulando las diferencias de tiempo en caso de caída masiva en el pelotón, dentro de los últimos tres kilómetros y únicamente en las jornadas llanas. Ayer incluso se fue más allá. Los jueces de carrera del Tour aumentaron de manera ilegal la mencionada zona, a raíz de una caída masiva a escasos treinta metros de la pancarta de 3 a meta.

Señores, este circo se les va de las manos. Temas de doping aparte, el modelo competitivo del ciclismo está evolucionando de manera lamentable y da inexorables pasos de cangrejo, en todos los aspectos. Pero centrémonos de nuevo en el esquema de etapa llana, porque hablar de cuestiones globales de recorrido y normativa daría para escribir un libro entero. El desarrollo de esta larguísima semana de carrera ha hecho aflorar otra clase de interrogantes, exclusivamente centrados o relacionados con este tipo concreto de trazados.

¿Dónde se han quedado los sprints intermedios bonificados, o las metas volantes en la Vuelta? ¿Dónde están las etapas llanas con un gran número de cotas? ¿Y el adoquín, qué fue de él, señores de ASO? ¿Qué fue de las escapadas bidón, señores directores de equipo? ¿Dónde están las contrarrelojes de equipo largas, de más de 60 km., que desgastaban a los gregarios? ¿Qué fue del tópico de luchar ‘hasta el último metro’, pasara lo que pasase? ¿Por qué esa obsesión por los infructuosos, socorridos y adulterados finales uphill? ¿Por qué queréis que no pase nada hasta los últimos mil metros? ¿Cuáles son las razones por las que se pretende decidir la general en treinta segundos? ¿Por qué los aficionados de toda la vida tienen que soportar esta falta de consideración hacia su deporte?

El organizador está apostando por un modelo erróneo de gran vuelta

Se podrían adelantar un buen ramillete de posibles respuestas, pero la gran mayoría van encaminadas en la misma dirección: el nuevo modelo de gran vuelta. Esta nueva concepción, amparada en los postulados de humanización de recorridos, permite que el organizador elimine cualquier rastro de imprevistos y alicientes que provoquen vuelcos importantes en la clasificación general. El objetivo último es que haya un buen puñado de aspirantes a la victoria global en la tercera semana. Si estos aspirantes están inmersos dentro de un margen de uno o dos minutos, mejor que mejor. El organizador ‘juega’ con la carrera y con los ciclistas, y busca el mejor esquema posible para adormecer la disputa, sacando todo el jugo al potencial de control de los equipos más poderosos. Por eso se esgrimen excusas peregrinas para eliminar o reducir a su mínima expresión todos los elementos que generen inestabilidad: metas volantes, pavés, zonas con viento, cotas, etc. Con esto buscan que el interés del aficionado vaya in crescendo hasta el final, cuando el efecto real es más bien difuso y contrario al que se busca. Si se echa un vistazo a la actual clasificación general, podemos comprobar que las variaciones con respecto al prólogo son anecdóticas. Ahí queda demostrado el ‘juego’ táctico de la organización. Se va para atrás. La evolución técnica de las bicicletas, unido a la mejora sustancial de la preparación física de los corredores, debería ser motivo suficiente para que todos los días haya lucha y se pelee por la victoria. Pero el camino que se está siguiendo es, desafortunadamente, el contrario.

¿Qué soluciones prácticas e inmediatas se podrían tomar? Dejando de lado cuestiones de fondo, que deberían haberse tomado hace ya bastante tiempo, como eliminar los pinganillos por decreto y reducir el número de corredores por equipo a siete, se puede, desde estas humildes líneas, trazar algunas medidas sencillas para fomentar el entretenimiento y la pelea, no ya por la general, sino por la misma etapa llana:

· Inclusión obligatoria de sprints intermedios puntuables y bonificados con tiempo cada 40-50 km.

· Eliminación o reducción drástica de la puntuación en la línea de meta.

· Inclusión obligatoria de sectores de pavés o sterrato en la primera semana del Tour y el Giro.

· Fomento de las cronos largas por equipos en los primeros días de carrera, que desgasten a los gregarios y generen grandes diferencias desde el comienzo.

· Alternancia de trazados. No se pueden encadenar tres etapas llanas de manera continua.

· Bonificación de un minuto al ganador que se haya fugado durante la primera hora de carrera y llegue en solitario a la meta. Con esto se pretende incentivar las escapadas y la lucha por la victoria de etapa.

· Eliminación total de la zona de seguridad de los tres kilómetros. La etapa se tiene que luchar hasta la línea de meta. Esto evitará que muchos corredores no involucrados en la caída se aprovechen y levanten el pie.

Éstas son sólo las ideas más importantes y necesarias, se pueden exponer muchas más, dentro de un modelo lógico. En líneas generales, se quiere premiar el esfuerzo y los movimientos de carrera ambiciosos, algo que generará diversión y entretenimiento, el fin último que se busca.

Lo más probable es que este análisis y proposición de soluciones caiga en saco roto. Existen demasiados intereses, algunos claros, otros menos, en el seno de la dirección de las grandes vueltas y en la propia UCI, que boicotean, de alguna manera, la generación del espectáculo que todos queremos. Pero siempre quedará la pequeña satisfacción de no haber callado ante estos despropósitos que, con más frecuencia, aparecen en este deporte.

Hoy, camino de Metz, se asistirá, casi con total seguridad, a un nuevo episodio de cicloturismo profesional. Y esperemos que sea el último. El sábado llega el primer final en alto exigente de este Tour, y será igualmente de tanteo, con una clasificación general inamovible y sin visos de sorpresa. Quizás queda la esperanza de ver, con las ligeras variaciones del recorrido de este año, algo diferente. La crono y la reducción tímida de los finales en alto atisban alguna esperanza. El organizador ya tiene lo que busca. Espero que los ciclistas hagan ver que está en un error.

Ja

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*