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¿A qué juegan?, por Javier Astasio

 
El procés catalán va camino de convertirse en uno de esos culebrones televisivos que los guionistas alimentan artificialmente a base de lugares comunes y situaciones perfectamente previsibles, con el único objetivo de aguantar en la parrilla una semana más. Un capítulo a la semana que nunca resuelve la trama, porque de sobra saben que, cuando la trama se resuelva y llegue el desenlace, el trabajo se acaba y, para muchos de ellos, el destino va a ser la calle.
De momento, los soberanistas van salvando los muebles, capeando el temporal, sorteando el oleaje y las dificultades que les levanta la competencia, léase el Gobierno y la Justicia, léase el artículo 155 y la prisión. Sin embargo, ese "de momento" ese día a día, esa semana a semana, ese juego de acciones y reacciones puede llevar, está llevando, irremisiblemente al aburrimiento.
No hay más que ver el "ale hop" improvisado por el president del Parlament, Roger Torrent, con la convocatoria de ese pleno sobrevenido y celebrado ayer, de prisa y corriendo, tras conocerse que el juez Llarena, del Supremo, comunicará hoy a diputados y cargos del Govern investigados la decisión de procesarles o no, con las consiguientes entradas en prisión, un movimiento del juez que persigue, sin la menor duda, poner cruces sobre los presidenciables que Junts per Catalunya y ERC proponen.
El juego ha alcanzado tal nivel de perversión que ya resulta evidente que, en este ajedrez diabólico, digno del atormentado Bergman, lo menos importante es el bienestar de los catalanes, la continuidad de su autogobierno y el prestigio de las instituciones de este país.
Lo de ayer tarde rayó en lo que el ser humano puede soportar: largas horas de pleno pretendidamente solemne y trascendente que ni al mismo candidato a la presidencia le llegó a interesar, porque, como todo buen guionista sabe, cuando se conoce el desenlace, el capítulo se hace insoportable y Turull sabía de sobra que nunca obtendría los votos suficientes, porque un hombre de Pujol, un empleado le de Pujol según la CUP, jamás iba a tener los votos de la candidatura radical.
Por si fuera poco, no cuesta nada imaginar que Jordi Turull tenía su pensamiento fuera del salón de plenos, sabiendo como sabía y sabemos que estaba citado para esta mañana con el juez Llarena en su despacho del Supremo, donde le comunicará su procesamiento y, muy probablemente, su ingreso en prisión, con lo que la imagen, el gran titular, buscado por los soberanistas, de un president electo de la Generalitat fuese enviado a la cárcel por un juez "español" se desinfló por la abstención, mitad por coherencia, mitad por aguar la fiesta, haciéndose valer, de la CUP.
Lo único que sacamos ayer de los movimientos de unos y otros es que sólo quedan dos meses para salir del laberinto, porque, con el debate, echó a andar el reloj que descontará, minuto a minuto, los dos meses que faltan ya para tener presidente o nuevas elecciones.
Es verdad que entre tanto aburrimiento cabe la sorpresa, sorpresa como la que acaba de dar Marta Rovira, anunciando cuando debería comparecer ante el Supremo, que prefiere fugarse y salir de España, siguiendo los pasos de Puigdemont.
Pensaba concluir este texto diciendo que el procés estaba resultando tan aburrido que las cuitas de Cifuentes y su máster fantasma habían robado la primera plana de la actualidad al frustrado pleno de ayer, pero los guionistas han encontrado una salida al aburrimiento, poniendo en fuga a la ex diputada Marta Rovira. Un fogonazo, una traca, que alargará unos días la supervivencia del serial, al menos los que tarde en instalarse y explicarse en el destino que elija. Así que el juego, sea cual sea el que están jugando, de momento sigue.
 
 
 

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