A propósito de Postguerra, de Tony Judt, por Emilio Fuentes Romero (@efurom1)

Estoy leyendo Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, de Tony Judt. El libro consta de IV Partes, cada una de unas 300 páginas, lo que hace un total de casi 1200 páginas. Uno no dispone de todo el tiempo del mundo, por lo que debe elegir. Prefiero comenzar a leer la IV Parte, que abarca desde la caída del Muro de Berlín (1989) hasta la Convención para el futuro de Europa (2005). Han pasado, pues,15 años en los que el panorama de la Unión Europea ha cambiado totalmente, sobre todo después de la Gran Recesión y de la actual crisis del Covid-19...¿o quizás no ha cambiado tanto? La Unión Europea, un viejo gigante preocupado por aunar las voluntades de casi 500 millones de personas de 27 Estados con idiomas, economías y tendencias culturales muy diversas, "no puede escapar a los defectos de sus virtudes"(p.1049), y uno de ellos es avanzar muy lentamente, al menos en aspectos básicos como pueden ser su sistema de gobierno o su política exterior o su política monetaria.    
El sistema de gobierno de la UE es, para Judt, "extraordinariamente inmanejable":  Jean Monnet y sus herederos habían evitado deliberadamente cualquier esfuerzo que llevara a imaginar, por no hablar de poner en práctica, un sistema democrático o federal. Por el contrario, se habían encaminado hacia un proyecto de modernización de Europa desde arriba (...) demasiado centrado en la dimensión técnica de la 'construcción europea' (p. 1040). En la actualidad, los observadores podrán decir que la UE ha avanzado en el aspecto federal, pero ¿dirían lo mismo del sistema democrático? ¿Qué papel desempeñamos los ciudadanos?  Es cierto que podemos votar en las elecciones al Parlamento Europeo y que éste ha ampliado sus competencias. Pero los ciudadanos perciben, y así lo demuestran con su escaso interés por estas elecciones, que la Comisión Europea y el Consejo de la Unión son los que toman las decisiones. ⏩No hay una Política Exterior Común de la UE, tradicionalmente en manos de los Estados. Y da la impresión de que, entre 1990 y 2020, ha habido pocos cambios: Si el ministro de Asuntos Exteriores alemán Hans Dietrich-Gensher, por ejemplo, no hubiera insistido en 1991 en reconocer 'prematuramente' la independencia de Eslovenia y Croacia, puede que Bosnia nunca hubiera seguido su ejemplo, que Belgrado no la hubiera invadido y que se hubiera evitado una década desastrosa (p.954). Treinta años después, a pesar de los méritos y los esfuerzos  de Josep Borrell, Alto Representante de Asuntos Exteriores y vicepresidente de la Comisión Europea, no se puede decir que la UE tenga una Política Exterior Común. Como estamos viendo estos días, Macron lleva la voz cantante en Líbano y Merkel en los asuntos relacionados con Rusia ⏩En cuanto a la política monetaria, Judt escribe: Las tribulaciones del euro demuestran perfectamente las paradojas de la Unión (...) El problema de la moneda única no radica en las dificultades técnicas sino en la imprescindible armonización de las políticas económicas nacionales (p. 1037). En este sentido, tampoco hemos avanzado mucho. Los debates, y las rivalidades, para aprobar el Plan de Recuperación europeo y el Marco Financiero Plurianual (MFP), han puesto de relieve que no se ha avanzado lo suficiente en esa armonización entre países del Norte y del Sur, del Este y del Oeste, entre "frugales" y "derrochadores", entre posindustriales y agrícolas o de servicios, entre partidarios de ampliar el presupuesto de la UE y partidarios de restringirlo...

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