A Lorenzo (y a Berta), por Alberto Calero (@acaleroj)

Lorenzo tiene poco más de veinte años. Estudia Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. Quiere ser periodista porque el amor por la profesión lo ha mamado desde pequeño. Sus padres son del gremio y trabajaron en la radio. Está movido por la vocación y asegura que quiere conocer la realidad de los medios. Sigue estudiando y en la facultad ha seguido durante los últimos meses. Lo ha hecho aunque vivía una amarga sensación. Durante el último año y medio ha convivido con la enfermedad de su madre. A Lorenzo quizás pocos le han entendido durante este tiempo. Sus amigos y sus compañeros le habrán dado ánimos, seguro. Incluso le habrán dicho que le ven bien a pesar de la situación. Lorenzo no ha estado bien. Llevaba por dentro un dolor pesado, indescriptible. Seguramente nunca asumió que su madre estuviera enferma. Ahora, de repente, se ve obligado a asumir que no está. Su madre, Concha García Campoy, ha muerto después de una digna lucha contra el cáncer. No conozco de nada a Lorenzo pero hoy sé lo que siente.

Pido perdón a Lorenzo por meterme en su vida, por identificarme con él, por citarme a mí mismo. Yo estudié en su misma facultad. Mis padres trabajaron en la radio y siempre soñé con ser periodista. También perdí a mi madre con 24 años mientras estudiaba Periodismo. Sí, un cáncer. Puedo entenderle. He escuchado que Concha, ya enferma, se preocupaba más de sus hijos que de ella misma. Ella los quería ver felices. Mi madre hizo lo mismo conmigo. Desde la cama del hospital me escuchaba en la radio y creo que era un poco más feliz en ese momento. Simplemente lo era porque sabía que yo era feliz en la radio. Así era al principio porque ella prefirió que yo no descubriera del todo la gravedad. Luego, poco tiempo más adelante supe del carácter irreversible de la enfermedad y viví con ella los últimos meses. Es el amor de una madre hacia un hijo. Ese amor que Lorenzo y yo nunca entenderemos porque nunca seremos madres. Vamos, que yo sepa.

Quien quizás sí sienta algún día qué es la maternidad es Berta, la hermana de Lorenzo. Tiene 14 años. Los dos han recibido hoy un duro golpe. Nunca olvidarán a su madre. Nadie podrá ocupar su puesto. La recordarán todos los días. Y no sé si algún día se atreverán a borrar de la agenda del móvil el teléfono de “mamá”. Y soñarán con ella y la verán a veces. Reirán recordándola y llorarán. La vida les ha golpeado y se han dado cuenta de que esto sí es una putada de verdad. Una putada para la que se ha marchado y para los que se quedan aquí sin ella. Que una madre desaparezca y se separe de sus hijos debería estar prohibido, joder. No he decidido cambiarme el nombre pero hoy soy Lorenzo. Cuántas coincidencias, cuántas sensaciones. Leo que él quiere pronto “coger el micrófono”. Quizás ahora quiera refugiarse en la radio más que nunca como método de ayuda para paliar el dolor. Para mí fue el refugio porque volví a otras emisoras. Lo que ha venido después es otro cantar.

Lorenzo, de Periodismo hablamos otro día. Ando algo decepcionado con él y quizás yo no sea muy objetivo en mis opiniones. Espero que tú te des cuenta por ti mismo cuando te metas en la realidad como tú dices. La verdad, no hay nada como comprobar las cosas por uno mismo. Lorenzo, suerte y fuerza. Lo mismo para ti, Berta. Intentad disfrutar de la vida todo lo que podáis. Dicen que la vida son dos días pero son largos.

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