40 días, por Mar García Martinez-Albelda (@mar_y_tal)

El pasado 12 de Octubre, día de la vergüenza nacional, día en el que el espíritu patrio se congratula de la masacre cometida en América Latina hablando de “descubrimientos”, ese día, a Jorge Arzuaga se le atragantaba la realidad, se le atragantaban las mentiras de un Gobierno incapaz de gobernar, se le atragantaban las privatizaciones de derechos, los desahucios, los bebés robados por el Franquismo… Y dejó de comer.
Dejó de comer esperando, no la dimisión del Gobierno, sino la respuesta de la ciudadanía. Y lo hizo solo, sin pertenecer a ningún colectivo, de manera individual, pero cargado de motivos. Motivos que me niego a pensar que no sean los de todas las personas, motivos que cada día nos hacen más súbditos y menos ciudadanos. Y motivos que en estos 40 días, lejos de desaparecer, han cobrado más fuerza (huelga de los trabajadores de limpieza en Madrid, anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana…). A día de hoy no sé cuántas firmas se han recogido ni el número de personas que se han pasado por la Puerta del Sol a saludar, a dar las gracias o a preguntar por qué.
Sé que he conocido a personas que sin tener contacto con asambleas de barrio u otros colectivos, sin saber muy bien qué más hacer para que se les escuche, decidieron dejar de comer como método de protesta. Conscientes de que puede que no fuese la mejor manera, pero sí era una forma más de hacerlo. He conocido a personas que en 40 días han hablado de política y han conocido qué es posible luchar desde abajo con compañeras. He conocido a Álex, a Gisela, Juanma, Frank… Y no he podido más que sentarme a su lado a apoyarles.
Porque su fuerza y su convicción en que no podemos resignarnos fue un soplo de aire fresco, porque siempre estaré del lado de los que luchan. Porque esa es la única división que admito: los que luchan frente a los que no hacen nada.
Y me llevo muchas cosas buenas de esos días, muchas discusiones, mucha fuerza y muchas ganas de seguir. De seguir con todas y cada una de las personas que estos años han luchado y siguen haciéndolo. Quizás se me ocurra mañana una forma de lucha, una manera efectiva de terminar con este sistema que quiere imponerse con más crueldad, pero mientras tanto tengo la obligación de seguir intentándolo. Y de equivocarme. Sólo así seguiré hacia adelante.
Desde aquí todo mi cariño y agradecimiento a Jorge, Gisela, Frank, Juanma, Álex y Alejandro Aceituna por su fuerza y su constancia. Por dejarme formar parte de todo esto y por recordarme que la ternura es revolucionaria.

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Fotografía de Periodismo Digno. Autor: Daniel González @efedefunko

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