Javier Astasio
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Demasiado tarde, por Javier Astasio

Demasiado tarde para que la familia socialista vuelva a aparecer unida. Demasiado tarde para escuchar en palabras de un líder socialista lo que los ciudadanos llevamos pensando y diciendo años. Fue ayer en el acto de presentación de su candidatura a las próximas Elecciones Europeas y estaban todos, incluso el siempre díscolo y malicioso Alfonso Guerra que debió moverse, porque no sale en la foto. 

Curiosamente, lo más aplaudido y, por ende, lo más repetido en los telediarios y las radios fueron las sabias palabras del cabeza de lista de los socialistas europeos, el alemán Martin Schulz, que no dudó en decir eso que muchos, demasiados para que no nos hayan hecho caso, llevamos diciendo en voz alta hace ya mucho tiempo,  demasiado para que no hayan caído en la cuenta hasta ahora. Lo que dijo, lo que hizo Schulz, fue levantar ante los ojos de políticos que llevan demasiado tiempo instalados en el poder el dilema que supone encontrar la causa del desastroso panorama del socialismo en Europa y, especialmente en España, averiguar quién ha abandonado a quién los votantes a los socialistas o los socialistas a los votantes.

Creo que, si es, si quienes compartieron con el ayer la tribuna son, un poco listos habrán sabido leer la dura respuesta que ayer mismo dieron los electores franceses a la política de austeridad y tente tieso puesta ahora en práctica por François Hollande, tan lejana de las promesas electorales que le llevaron en su día al Palacio del Elíseo. Y es que la abstención alcanzó en Francia cifras históricas y a nadie se le escapa ya que quienes se quedaron en casa fueron, fundamentalmente, potenciales votantes socialistas, especialmente los jóvenes, tan castigados por la crisis en el terreno laboral y en las aulas.

El PSOE lleva demasiado tiempo alejado de sus ideales fundacionales, los que buscamos en él quienes hasta ahora les votábamos. Lleva demasiado tiempo haciendo políticas "de Estado", mirando siempre hacia arriba, nunca hacia abajo y, claro, los de abajo se han olvidado de ellos porque, antes, ellos se olvidaron de los de abajo, quedándose en sus casas, volviendo la espalda a quienes antes se la volvieron a ellos o engañándose al pensar que, para aplicar las políticas de derechas, mejor la derecha.

Ahora, cuando apenas quedan semanas para la primera cita en la urnas desde que conservar Andalucía les dio un respiro, los socialistas españoles -no sé los catalanes tan enredados en lo suyo, que no es poco- cierran filas en torno a Elena Valenciano y echan el resto para hacer de un hipotético y más que difícil triunfo en ellas el saliente en la pared en que apoyarse para salir del pozo en el que ha caído.

Lo que ocurre es que dudo que alcancen ese triunfo y, lo que es peor, dudo que, si lo consiguen, abandonen sus vicios, esos que les alejaron tanto de la gente de los barrios, las fábricas y las aulas. De momento, ayer, a las puertas del mitin, un grupo de familiares de las víctimas de la tragedia de Angrois, el accidente de la falsa y electoralista Alta Velocidad  a Galicia, protestaron por la inclusión de José Blanco, responsable de incluir esa curva en el trazado, en la lista socialista al Parlamento Europeo. Un gesto solidario de la ejecutiva para con su compañero en apuros que a mí, por ejemplo, me aleja de su opción.

Es demasiado tarde ya para recuperar la confianza de los ciudadanos, pero peor aún que la tardanza es esa estrategia enfermiza de poner siempre a salvo a la "buena estirpe", a los "pata negra" del partido, que ponen en duda cualquier intento, más allá del que sabemos interesado, de recuperar a su electorado.

Demasiado tarde para que los votantes se acuerden de quienes se olvidaron de ellos.

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El ejemplo que se llevó el alzheimer, por @JosefinaLpez

Transcurrida la resaca por la muerte del ex presidente Adolfo Suárez creo que ha llegado el momento de darle salida a esta opinión, escrita justo cuando se anunció su fallecimiento. Sin embargo, en esos momentos había demasiado ruido informativo, aprovechando esa rancia costumbre de este país de destacar las virtudes de cualquiera casi exclusivamente en el momento de su muerte. Y resultaba extraña tanta admiración reconocimiento, homenaje y agradecimiento cuando en su día fue traicionado por propios y ajenos. Le atribuyen logros como el del consenso. Para un político que venía de la dictadura y que estaba acompañado por militares que se creían los firmes herederos del Franco, consiguió legalizar al Partido Comunista y sobre todo, y casi lo mejor, supo decir hasta aquí. Dimitió cuando comprobó que no podía, mejor dicho, no le dejaban hacer mucho más. Y estas son las cualidades que le destacan. Por tanto, entiendo que cuando se resaltan es porque se reconocen, están perfectamente identificadas. Así que me pregunto: Si los políticos que estos días han hablado saben lo que es un verdadero consenso y elogian la dimisión cuando toca, ¿por qué no lo ponen en práctica ellos mismos? Sin conocer con detalle los entresijos de sus años de gobierno, entre otros motivos porque la enseñanza de Historia Contemporánea en este país termina con el comienzo de la guerra civil, me quedo con el hombre que se enfrentó a muchos intereses políticos conservadores y después se retiró. Y luego llegaron todos los demás, los que han hecho de la política una farsa tan lejana del consenso porque prima ‘el porque yo lo digo’ y de la dimisión aunque los hayan pillado a manos llenas. Adolfo Suárez dio un gran ejemplo. ¡Cómo me gusta esa imagen del golpe de Estado del 81 en el que permanece impertérrito en su escaño mientras el resto de diputados se esconde! Eso fue lo que dejó, un gran ejemplo para políticos que se agachan ante la primera lluvia. Al final de sus años vivió ignorante de todo lo que acontecía. Su alzheimer, aunque triste, le sirvió al menos para ocultarle toda la degradación política que comenzó cuesta abajo y sin frenos años después hasta llegar a nuestros días. Él ya descansa en paz, pero queda su alzheimer, porque su ejemplo ya está casi olvidado.

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