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Conversación vía Twitter con Enrique Santos, miembro del CES, por @albertina_navas

Polémica: Ecuador no registra títulos propios españoles y se afectan cientos de ecuatorianos

@albertina_navas El doctorado no es propio, no hay que vincularlo lo uno a lo otro
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@albertina_navas Que yo sepa no se ha estado haciendo así. Hay Master europeos sin maestría previa
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@esantos1957 Entonces en Ecuador nos registrarían un doctorado aunq no tengamos un máster registrado en el Senescyt?
— Albertina Navas (@albertina_navas) 29 de enero de 2013

@albertina_navas Debe registrarse. Se están registrando. La condición es para acceder a los doctorados en Ecuador
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@albertina_navas Tengo decenas de compañeros en la U. de Cuenca a la que me pertenezco que tienen PhD y no Maestría
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@albertina_navas Yo le hable del tema registro que conozco. Déme unos días para averiguar con SENESCYT cómo se maneja eso en cuanto a becas
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@albertina_navas Somos los más interesado en que esto se clarifique pronto. La incertidumbre no es buena en la academia
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@albertina_navas Es un terna SENESCYT pero yo estoy de acuerdo con su concepto. Me comprometo a conversarlo con autoridades Secretaría
— Enrique Santos Jara (@esantos1957) 29 de enero de 2013

@esantos1957 Le agradezco mucho el compromiso, es vital para muchos quienes aún creemos que vale la pena estudiar para impartir cátedra
— Albertina Navas (@albertina_navas) 29 de enero de 2013

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Javier Astasio
Blogueros

Sobre un polvorín, por Javier Astasio

 
 
No hace mucho me contaba un amigo -geriatra, por cierto- que uno de sus "abuelos", emigrante toda la vida en los Estados Unidos, le comentaba, a propósito de la aparente paciencia de los españoles ante la crisis y sus arbitrariedades, que somos un pueblo con mucho aguante, que tarda mucho en levantarse, pero que, cuando lo hace, lo hace muy cabreado y, a veces, salvajemente. Y tiene toda la razón el abuelo. Nuestros gobernantes deberían releer de vez en cuando la Historia y tomar ejemplo del amargo destino de personajes que, como Napoleón, hicieron cuentas de tropas y trampas, de fuerza y alianzas, sin tomar en consideración el cabreo y el orgullo del pueblo que, cuando se supera el umbral de lo tolerable, cuando se atenta contra su dignidad, revienta en furia sin que pueda haber mamelucos o antidisturbios que la sofoquen.
No puede ser que, mientras una gran parte de la ciudadanía sufre calamidades sin fin, no puede ser que mientras la clase media está a punto de desaparecer, que mientras toda una generación, la que nació ya en democracia, la mejor preparada de la Historia o no, al fin y al cabo eso no importa, se queda sin acceso al mercado de trabajo, mientras a otra, la que, con su sacrificio, ayudó a hacer de éste, un país moderno, es expulsada del mismo, no puede ser -insisto- que las instituciones actúen como si despreciasen todo ese sufrimiento y contemplen con indiferencia como todo ese patrimonio humano se desperdicia. Tanto el gobierno de la Nación, como los de las comunidades autónomas, casi todos los partidos políticos, sin duda la iglesia católica, las altas esferas de la Justicia y la mismísima corona, por no hablar de los sindicatos, están en entredicho. Y lo están porque no han sido capaces de estar en su sitio cuando ha hecho falta.
Para unos, la política ha sido como un jabón que hay que vender en la tele, especialmente en la tele, a base de mercadotecnia, publicidad y contrapublicidad. Un producto más a colocar, en este caso a los votantes y cada cuatro años, para, una vez vendido, olvidarse a un tiempo del producto vendido y del cliente. Para otros, la corona, con el ABC, el colorín de algún que otro periódico, la teleHermida y el HOLA, bastaba. Para los de más allá con no pagar el IBI en sus inmensas propiedades, con todos sus privilegios, reforzados ahora, en la enseñanza, con su afán por hozar la cama de los ciudadanos, también basta.
Y, mientras tanto, corruptelas y despilfarro aquí y allá, hacer negocios ruinosos con lo que es de todos, para beneficiar a unos pocos, los amiguetes. Estaciones de AVE sin viajeros, a mayor gloria de algún que otro terrateniente, hospitales que se pagan dos veces, "externalizaciones" a dedo de lo más suculento del plato, para dejar los huesos a la administración que deberían defender, sueldos en negro que se pagan con las comisiones que se cobran bajo cuerda por adjudicaciones infumables, viviendas de lujo, en Marbella o el Pirineo, para los tipos más sospechosos que han calentado escaños y sillones aquí y allá, un revoltijo, en fin, de basura difícil de tragar que algún día estallará en vómito, con toda esa furia acumulada, salpicando a unos y a otros, echando abajo la imagen de ese país que creímos ser, porque a algunos les interesó que lo creyésemos.
Un polvorín, eso es lo que somos. Un polvorín sobre el que se sientan estos tipejos que, si son tan listos como se creen, deberían saber que antes o después estallará.

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