Viajando en 'El Expreso del Sol' de Pilar Vélez, por @metzweyale

 

La novela de Pilar Vélez, El Expreso del Sol, contiene el camino trenzado que  lleva un tren coloreado con recuerdos de tres generaciones que cuentan de cerca las diferentes formas de violencia sufrida y con ello la radiografía desde el interior de una familia. Es por ello que la novela hace parte de la historia de Colombia, anidada en las alas que lograron volar más allá de la esperanza, pero sin borrar las palabras, los hilos que se unieron a esas vidas que de forma magistral nos entrega Pilar, quien cuenta cada paso de sus muertos, de los vivos, de almas que orquestaron las vidas que fácilmente pueden ser recreadas por la imaginación del lector, con imágenes cristalinas, bien logradas por la escritora, quien hace ese recorrido por su mapa personal para darle mayor verosimilitud a la novela; así como la voz de la Abuela Rosario, quien con tenacidad, dureza que le fue legada y es la única forma que sabe enseñar, vivir y entregar a su familia los refranes, creencias y filosofía misma de vida que debían aceptar porque “quien nació para tamal, del cielo le caen las hojas”.

“Querer el olvido es un problema antropológico: desde siempre, el hombre sintió el deseo de reeescribir su propia biografìa, de cambiar el pasado, borrar las huellas, las suyas y las de los demás (...) la lucha contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido” Milan Kundera.

Esta novela nos lleva a la claridad de que el olvido no solo es un error, pues sin las remembranzas de un pueblo, de una familia, de una niña, olvidaríamos cómo somos, el cómo llegamos a un lugar y la ternura de ese sentir propio del individuo al recordar su hogar, el arraigo a su tierra, las voces, historias, sonidos, rasgos que lo acompañaron en la niñez y construyeron de él ese ser único que lo constituye.

La política, la religión, el dolor, son todos hijos de los mismos miedos: la indiferencia.

El relato de un país que ha crecido en medio de diversas formas de violencia, desde sus cimientos, en la historia y que se siguen cimentando con el pasar de los días: hogares fragmentados, luchas por colores, disputas por opinión y color, ahogados por días de espera absurda a la llegada de un redentor, es todo ello lo que desdibuja Pilar con su novela, sin discursos austeros o pérdidas en referencias históricas. La novela deja la certeza diluida en Corintia, quien a oídas  pasó de tener sus esperanzas en el personaje idealizado de Simón Bolívar, pero con el tiempo y los cambios resultados del viaje por El Expreso del Sol, fue el señor de los Milagros el custodio de sus sueños y plegarias. Todo ello fue acompañado por el dolor que iba dejando el látigo, fiel compañero de la sábila y la representación del cristo que bajó a la tierra para salvar a todos, pero que en el caso de Corintia no le daba aliciente en sus momentos de angustia, como lo deja ver aquí: “lo curioso es que ni Jesús, que también fue martirizado a latigazos se apiadaba de nosotros”, un fragmento que deja ver el dolor de una niña por sus actos puramente sencillos y dignos de la edad que a la acompañaban, pero a los que nos hemos acostumbrado a condenar en los infantes, por no comprende el mundo de los adultos, como si fuera su responsabilidad nata. Capítulos llenos de estas imágenes y relatos que dan cuenta de la violencia intrafamiliar, hacia la mujer, donde esta se ve vulnerada por ser quien es en una sociedad que aún no ha aprendido a dar valor y crianza a generaciones tolerantes.

Los retratos encontrados en la novela, sobre él como se vivió y se vive aún en Colombia, con su idiosincrasia y costumbres sigues presentes en los hogares, en las calles, en los dichos y creencias, con la niñez de duras lecciones que se siguen heredando. Vemos en la abuela de Corintia a una tan cercana que hasta la voz se puede crear en el imaginario. Ese retrato de Colombia que desea olvidar la violencia con la que nos acostumbramos a crecer.

El Poeta palestino Mourid Barghouti escribió: que si se pretende despojar a un pueblo, la forma más simple es contar su historia y comenzar con “en segundo lugar”.  Es como contar la colonización de América sin tener presente todo el acervo cultural de los africanos traídos a la fuerza. O contar la historia de una familia sin tener presente su pueblo y antepasados”.

¿El por qué contarnos? ¿el por qué reescribir sobre lo que nos hace una esencia, el ser? Ese mapa personal, a lo que llamamos historia, esa que cargamos a cualquier lugar, país, relación, proyecto o sueño que se emprende en la vida, allí prevalece el encuentro con el pasado, los aprendizajes, reestructuraciones de lo que sé es.

Se puede ver a la abuela tejer y tejer como palabras bordadas en la novela, una imagen bien lograda que se puede asociar al contar el pasado en medio del tejido presente, como lo hacen las abuelas mayores del Valle del Sibundoy en Putumayo, quienes tejen y cuentan; cuentan y escriben con hilos las historias del pasado transmitido a las nuevas generaciones, mientras los hilos toman formas de colores e historias que los contienen como comunidad, se asemejan a la abuela de Corintia quien habló lo justo para intrigar a Corintia y así permitir el reencuentro con las verdades del pasado, pero a su vez el nuevo tejido de camino al sol.

Para la abuela los acontecimientos de lucha se entrelazaron con dos muertes, no por tiempo, pero si por las consecuencias del dolor, con marcas de cambio: el abuelo con su dolorosa partida dejando a su paso una carga enorme, entre majada por la lucha de poderes, colores, bipartidos que azotaron a los hermanos, hijos y hasta la religión tomando partido, con el abandono a su objetivo con el desamparo al pueblo. Y el segundo acontecimiento, con estricta relación de dolores y lealtades con el abuelo  de Corintia, fue la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, un hecho que hizo verter ríos negros ante la luna, de tantos compatriotas que no se lograron perdonar en medio del dolor.

Es por todo lo anterior que El Expreso del Sol ofrece un protagonista que camina con Corintia y lleva de camino al Sol: el amor; con esa capacidad de resiliencia construida con los sueños inacabables, permitiendo construir un desenlace de amor con el mensaje pertinente en esta coyuntura social por la que atraviesa Colombia.

“Siempre he pensado que es imposible compenetrarse con un lugar o una persona sin entender todas las historias de ese lugar o esa persona… Las historias importan, muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota“ Chimamanda Ngozi Adichie

Una memoria como escritura reparadora del cambio hacia la resilencia, que anticipe a la reconstrucción de la reparación, que los pueblos puedan transitar y encontrarse con el pasado en una reconciliación y esperanza, tan solo posible para ese momento, para ese pueblo.

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