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Del mitin al juzgado, por Javier Astasio

 

Nunca se habían precipitado los acontecimientos políticos en este país como hasta lo están haciendo en los últimos días. Ya nada es lo que era, nadie es quién era. Ya nadie conoce a nadie y, es más, ya nadie se reconoce o quiere reconocerse en quien era.
Para el PP, los días de vino y rosas, aquellos en que cabalgaban las elecciones una tras otra, de mitin en mitin, aquellas veleidades de las mayorías absolutas, aquellos días de mirar para otro lado porque había que hacerlo, no, como nos decían, para el bien de todos, de esa patria con que se llenan la boca, incluido Pablo Iglesias, sino para su propio bien y el de quienes están detrás de ellos, aquellos días de alegría y soberbia se están convirtiendo en una horrible resaca.
No quiero imaginarme cuál será el vértigo de esos dirigentes políticos que tanto y tan cruelmente nos han despreciado, esos que, con una mano acarician el cabello de un niño, mientras que, con la otra, les quitan los profesores, las becas, las comidas en el colegio, a veces la única decente del día y todo eso se lo llevan a sus cuentas en Suiza o en cualquier otra cueva de Ali Babá. Me gusta imaginarlos como trabajadores de una de esas empresas hundidas por ejecutivos hartos de alcohol y cocaína que esperan, uno tras otro, los ERE que les han de llevar allá donde sólo hay sombra y desesperanza.
Lo que ocurre es que, mientras los trabajadores no tienen culpa alguna, quizá sólo la de haber creído en la empresa y sus directivos, la de creer que lo menos importante era su trabajo, que con acciones o comprando y vendiendo podrían sostenerse. Al menos eso es lo que les decían en plazas soleadas, de toros o no, en polideportivos de pueblos de aquí y de allá, demasiado a menudo caros e innecesarios, salvo para acoger esos mítines de quienes, también de su construcción, han sacado partido.
Ahora, gracias al trabajo discreto y eficaz de jueces policías y guardias civiles, que, para algunos, han pasado de héroes a villanos sólo por haber osado investigarles, estamos conociendo, a propósito de ellos, la respuesta a la vieja pregunta que se hace el cuplé "La chica del 17", acabaremos sabiendo "de donde sacaban para tanto como destacaban". Acabaremos sabiendo el porqué de que sus campañas, sus espectaculares mítines, llenos de luces, banderas y decibelios, resultasen más baratas que las del resto de partidos, el porqué de que a la hora de construir un vial, recoger las basuras o levantar ese mismo polideportivo, repleto de militantes traídos gratuitamente en autobuses fletados por el partido a precio de coste, en el que se da el mitin siempre se confía en los mismos, en los más generosos, en los que, a cambio de esas "atenciones" para con el partido, reciben más contratos y subvenciones que nadie. 
Lo vamos a saber lo estamos sabiendo. estamos conociendo los nombres de quienes aparentan regalar tanto dispendio y los de quienes se lo pagan con nuestro dinero admitiendo cuentas de Gran Capitán en obras y contratas y "mirando para otro lado" ante los evidentes incumplimientos y sobrecostes en lo adjudicado.
Todo esto iba bien mientras el adversario era uno, el PSOE, tú calla y espera, que ya te llegará el día. parecían decirle. Pero hubo una crisis y de ella, del dolor de la gente, surgió el 15 M y, de la noche a la mañana, la gente dejó de creerles, los vio, a unos y a otros iguales, y, por primera vez en décadas, el voto útil dejó de ser el que se daba al menos malo, la elección dejó de ser el mal menor. Gracias a esas plazas repletas, gracias a que la gente perdió el miedo y a que se desenmascararon los medios de siempre dando de lado a aquella "spanish revolution" que llenaba las plazas al ya clásico grito de "no nos representan", los parlamentos son ahora un puzle en el que las componendas son difíciles y en el que florecen las comisiones de investigación y los escándalos.
También los jueces y las fuerzas de seguridad se han sentido más fuertes y más cercanos, más al servicio del Estado y de la gente que nunca. Por eso, aquellos que vivían de mitin en mitin, de fiesta en fiesta, van a pasar sus próximos años, en el mejor de los casos, de juzgado en juzgado, incluidos Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre.